Posts tagged ‘Árboles de América’

julio 20, 2013

La plumaria o plumeria

Plumaria de Manolo

Plumaria de la Costa del Sol (Málaga)

Son muchos los vecinos de la barriada Nuestra Señora de la Oliva que han plantado árboles exóticos en las zonas ajardinadas de nuestro barrio. En el caso de la plumaria, le trajeron a nuestro vecino Manuel Pérez Rodríguez una estaquilla de este arbolito desde el pueblo malagueño del Rincón de la Victoria, la cual plantó él en el jardín del bloque 39 el pasado mes de marzo. Manuel la cuidó con tanto esmero que la plumaria, agradecida, le ha correspondido con una hermosa y perfumada floración. El nombre científico de este tropical arbolito es Plumeria rubra L. y pertenece a la familia de las Apocináceas. La plumaria es originaria de Centroamérica, posiblemente porque crece silvestre en las zonas rocosas y secas de las laderas del volcán Masaya, que está situado al sur de la capital de Nicaragua. Precisamente, desde el año 1971, es la flor nacional de este país, donde se la conoce con el nombre de sacuanjoche. Podríamos decir que la plumaria es de crecimiento medio y que por lo general alcanza una altura de unos 6 metros; sin embargo, en condiciones optimas puede llegar a superar los 8 metros de altura. Su copa es más bien redonda, con ciertas irregularidades y con tendencia a abrirse. Sus ramas son carnosas, blandas (realmente no llegan a ser leñosas), de color verdoso, con bifurcaciones regulares y con la peculiaridad de que sus terminaciones son romas. Su tronco suele crecer bastante derecho y su corteza de joven es lisa pero con las marcas señaladas de las hojas que se han caído; al envejecer, la corteza se resquebraja y oscurece. Si se le hiere, escurre un abundante látex de color lechoso. La plumaria tolera bien la sequía pero le perjudica el frío. Albergamos la esperanza de que sea capaz de aguantar las esporádicas y suaves heladas del invierno sevillano.

Sus hojas son caducas, simples, tienen forma lineal lanceolada, el ápice acuminado y los márgenes lisos, y su textura es coriácea; además son alternas pero dispuestas en espiral en el extremo de las ramas. Son de color verde brillante por el haz y de un verde algo más pálido por el envés. Miden de 15 a 30 cm de largo y de 4 a 7 cm de ancho. Cuando las hojas caen, dejan en las ramas grandes cicatrices.

Sus flores están densamente dispuestas en panículas terminales. Exhalan un perfume muy agradable que es más intenso por la noche, con el fin de atraer a los insectos para que las polinicen. La corola es hipocrateriforme y está compuesta por 5 pétalos céreos que están soldados por la base; el cáliz mide unos 3 mm y presenta unos lóbulos triangulares; los estambres están insertos en el interior del tubo de la corola. En Sevilla la plumaria florece en el mes de julio.

Sus frutos son folículos normalmente apareados por la base y formando un ángulo obtuso; estos folículos miden entre 15 y 28 cm de largo y tienen un diámetro de unos 3 cm; a veces, uno de ellos no se desarrolla. Estos “pepinillos” son de color verde oscuro y al madurar se ennegrecen; normalmente, suelen quedar colgando en el árbol hasta la próxima floración. Cada fruto contiene en su interior entre 25 y 70 semillas de unos 2 cm de longitud, de color pardo oscuro y con un ala membranosa.

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La plumaria plantada en el jardín del bloque 39 de la barriada Ntra. Sra. de la Oliva.

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Detalle de la floración de la plumaria.

Frutos de la plumaria

Los frutos de la plumaria.

abril 19, 2013

La falsa acacia o robinia

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La falsa acacia o robinia.

La falsa acacia se ha naturalizado muy bien en Sevilla, donde su presencia es abundante en los parques, los jardines y las calles de la ciudad. Su nombre científico es Robinia pseudoacacia L. y pertenece a la familia de las Leguminosas. Es un árbol originario de América del Norte, en concreto de la parte oriental de los Montes Apalaches. Podríamos definirlo como de crecimiento rápido y de gran talla, ya que suele superar los 20 metros de altura. Su copa es abierta, con grandes claros y de contorno irregular, y está formada por las ramas principales (que suelen ser ascendentes) y las secundarias o laterales (que son retorcidas, quebradizas y espinosas). Su tronco es a menudo encorvado, y otras veces recto o bien bifurcado; esta especie es propensa a producir chupones en la base del tronco. La corteza es cuando joven lisa y grisácea, pero con el paso del tiempo se ennegrece y se fisura profundamente. La robinia es un árbol poco exigente con el suelo, tolera bien la sequía y sus raíces son superficiales y competitivas. También suele nitrogenar los suelos gracias a los nódulos que hay en sus raíces y que contienen bacterias que fijan el nitrógeno (dicho de otro modo, que son capaces de convertir el nitrógeno atmosférico en sales).

Sus hojas son caducas (aparecen tarde y caen pronto) y además son alternas y compuestas imparipinnadas, con una longitud de 15 a 25 cm y con un número variable de folíolos (entre 9 y 19) que están apareados por el raquis; estos folíolos son de forma ovalada, miden unos 3 cm de longitud y son de color verde pálido, pero en otoño se tornan de un bonito color amarillento. Cada hoja posee en la base del pecíolo dos espinas punzantes de 0,5 a 1,5 cm de longitud, que son en realidad estípulas transformadas.

Sus flores son de color blanco, fragantes, melíferas (muy apreciadas por las abejas) y papilionáceas (parecidas a una mariposa). Su corola está formada por 5 pétalos libres: el superior, llamado estandarte; dos laterales que se llaman alas, y dos inferiores soldados que forman la quilla. Sus 10 estambres están soldados y forman un tubo, y el cáliz es verde y acampanado. Estas flores se agrupan formando un racimo péndulo y denso de unos 20 cm de largo. Su floración en Sevilla tiene lugar a mediados del mes de abril, coincidiendo con la feria: de ahí que los árboles plantados en el Prado de San Sebastián fuesen falsas acacias.

Sus frutos son legumbres o vainas planas y colgantes de unos 10 cm de longitud por 1 cm de ancho; de color pardo oscuro, al madurar en otoño ennegrecen y suelen pender del árbol durante bastante tiempo. Cada vaina contiene en su interior 10 semillas de color marrón oscuro y con forma de riñón.

Flores de la falsa acacia

Las flores de la falsa acacia.

Detalles de la inflorescencia de la falsa acacia

Detalle de la inflorescencia de la falsa acacia.

Detalle de las ramas espinosas

Detalle de las ramas espinosas de la falsa acacia.

Frutos colgantes de la falsa acacia

Los frutos colgantes de la falsa acacia.

Detalle del tronco de la falsa acacia

El tronco de la falsa acacia.

noviembre 18, 2011

La casia de Buenos Aires o sen del campo

La casia de Buenos Aires situada frente al bloque 16 de la barriada Ntra Sra. de la Oliva.

Los únicos ejemplares que conocemos en Sevilla de casia de Buenos Aires (especie también conocida en Argentina como sen del campo) están plantados en los jardines de la barriada Ntra. Sra. de la Oliva. El nombre científico de este arbusto con aspecto de arbolito es Senna corymbosa (Lam.) H.S. Irwin & Barneby, pero hasta hace unos años estaba incluido en el género Cassia. Pertenece a la familia de las Leguminosas o Fabáceas y es originario de la cuenca del río Uruguay (que comprende el sur de Brasil, Uruguay y el nordeste de Argentina), donde se extiende de forma asilvestrada hasta la zona del Río de la Plata. Su crecimiento se puede considerar rápido y curiosamente presenta cierta tendencia a inclinarse, por lo que es conveniente apoyarlo en un tutor. Con respecto a su porte, puede llegar a alcanzar hasta los 4 m de altura. Su copa, densa y redondeada, está formada por ramas que con los años toman un color negruzco. Su tronco es corto, deshojado y delgado, mientras que su corteza, sin apenas asperezas, es oscura con vetas de color bronce campana.

Sus hojas son perennes, alternas, compuestas paripinnadas, con dos o tres pares de folíolos que suelen midir de 1,5 a 5 cm de longitud y que están sujetados al raquis por cortos peciólulos. Estas hojas tienen la peculiaridad de disponer de una glándula sobresaliente entre el par de folíolos basales.

Sus flores son hermafroditas y están agrupadas en corimbos por lo general terminales. Cada flor suele medir unos 2 cm de diámetro; su cáliz está formado por 5 sépalos imbricados, normalmente de color verdoso; la corola tiene 5 pétalos desiguales de color amarillo intenso; sus 10 estambres son prominentes, libres y desiguales, con las anteras oscuras; el pistilo es céntrico y el estigma es puntiforme o dilatado y con frecuencia ciliolado. En Sevilla, la floración suele durar desde el mes de septiembre hasta el de noviembre, período que aprovechan las abejas y los abejorros para polinizar las flores.

Sus frutos son legumbres con forma entre subcilíndrica y tetragonal y de color pajizo, que miden entre 6 y 12 cm de longitud y que se mantienen péndulas durante el invierno. El interior de estas vainas está dividido en compartimentos transversales, cada uno de los cuales cobija una semilla de color negruzco y de unos 5 mm de diámetro.

Hasta noviembre de 2011 hemos plantado ejemplares de casia de Buenos Aires en los lugares siguientes:

-          el 16 de diciembre de 1995, en la barriada Ntra. Sra. de la Oliva, frente al bloque 16;

-          el 4 de julio de 1998, en el parque José Celestino Mutis de Huelva;

-          el 10 de junio de 2007, en el Club de Campo de Sevilla;

-          el 3 de noviembre de 2008, en la barriada Ntra. Sra. de la Oliva, frente al bloque 26.

La bella floración de la casia de Buenos Aires

Las flores de la casia de Buenos Aires.

 

Los frutos y las flores de la casia de Buenos Aires.

agosto 29, 2011

El magnolio

Este magnolio sobrevivió al arboricidio llevado a cabo en la Avenida de la Constitución

En Sevilla los magnolios están bien representados. Los más antiguos se encuentran en los Jardines del Alcázar, en el denominado Jardín de la Danza, frente al estanque de Mercurio. Hay otro plantado junto a la Catedral, que tuvo la suerte de librarse del arboricidio cometido en la Avenida de la Constitución con motivo de su reurbanización… Los de la Avenida Rodríguez Caso y los dos de la Glorieta de la Concha en el Parque de María Luisa, tienen unos portes magníficos; los del parque de Amate y el del parque Celestino Mutis, son de porte mediano, y el más reciente fue plantado en los Jardines del Cristina junto a la estatua de la Duquesa de Alba.

El magnolio es un árbol ornamental cuyo nombre científico es Magnolia grandiflora L. y que pertenece a la familia de las Magnoliáceas. Es originario del sudeste de los Estados Unidos de América, concretamente de la península de la Florida y de los estados colindantes; en Europa fue introducido en el año 1737. Este árbol es de crecimiento lento, y cuando es plantado en solitario llega a superar los 20 m de altura. Su copa, conformada por ramas gruesas y algo nudosas, es abierta, bastante densa y de silueta cónica. Su tronco es corto, robusto y ramificado casi desde la base, y su corteza, de color gris negruzco, es lisa y algo escamosa, pero sin asperezas. Su madera, de color amarillento, se utiliza para la fabricación de muebles.

Sus hojas son perennes, alternas y simples, de 8 a 16 cm de longitud y de 5 a 9 cm de ancho, de color verde oscuro por el haz y tabaco claro por el envés. Tienen forma ovalada con la punta aguda, su textura es coriácea y sus márgenes lisos pero algo ondulados, y el nervio central es prominente. Su pecíolo es grueso y corto (de 2 a 2,5 cm de longitud) y está cubierto de vellosidades pardo rojizas.

Sus flores son solitarias, muy vistosas y grandes, de unos 25 cm de diámetro y de textura cerosa; son además melíferas y exhalan un agradable perfume. Al abrirse son de color amarillo pálido, pero una vez abiertas toman el color blanco. La corola esta formada de 6 a 12 pétalos dispuestos helicoidalmente; el cáliz lo componen tres sépalos caedizos y los estambres, de color purpúreo, están colocados en espiral. En Sevilla la floración del magnolio tiene lugar entre los meses de mayo y junio.

Sus frutos maduran a mediados de otoño, tienen aspecto de piña y miden unos 10 cm de longitud. En realidad, estos conos están formados por numerosos folículos de estructura leñosa, y cada uno de estos folículos contiene en su interior una semilla aplanada de color rojo escarlata, que mide algo más de un centímetro de longitud y que al madurar pende de un cordón denominado funículo que la deja entrever dentro del fruto.

Hasta agosto de 2011, hemos plantado ejemplares de magnolio en los lugares siguientes:

El 9 de marzo de 1993, en la bda. Ntra. Sra. de la Oliva, en el jardín que hay en la parte trasera de  los bloques 17 y 18.

Magnolio en los Jardines del Cristina junto al monumento dedicado a la Duquesa de Alba

Flor del magnolio

Fruto del magnolio

Tronco del magnolio en la Avenida Rodríguez Caso (Parque de María Luisa)

julio 17, 2011

El zumaque de Virginia

Zumaque de Virginia en el Vivero de La Oliva

El primer zumaque de Virginia que vimos fue allá por el año 1993 en el arboreto de El Carambolo. Allí recolectamos algunas semillas del suelo que logramos que germinaran en el vivero de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva, donde en la actualidad crecen dos magníficos ejemplares; posteriormente, en dos ocasiones intentamos plantar otros zumaques en el parque José Celestino Mutis, pero el vandalismo imperante acabó con ellos; por último, el 9 de abril de 2011 plantamos un ejemplar en el Jardín Americano de la EXPO`92.

El nombre científico del zumaque de Virginia es Rhus typhina L. y pertenece a la familia de las Anacardiáceas. Es originario de Norteamérica, tanto de la provincia canadiense de Ontario, como de los estados fronterizos del nordeste de los EE.UU. Fue introducido en Europa a principios del siglo XVII. Este arbolito ornamental es de crecimiento lento y en raras ocasiones alcanza los 10 metros de altura; su copa es irregular y dilatada y está formada por pocas ramas zigzagueantes que en invierno, una vez desfoliadas, tienen cierto parecido a las cuernas de los ciervos. Estas ramas, cuando son jóvenes, suelen estar cubiertas de una especie de pelusilla de tacto aterciopelado. El tronco del zumaque es bastante recto y su corteza, rica en taninos, es de color pardo grisáceo y presenta poros respiratorios prominentes de color amarillento; en sus primeros años es lisa y delgada, pero al envejecer se vuelve agrietada y escamosa. Su madera es ligera de peso, frágil, de color anaranjado y con radios verdosos. A veces, sus chupones radiculares (hijuelos que brotan en las raíces) forman pequeños bosques que son aprovechados para detener la erosión del suelo.

Sus hojas son caducas, alternas y compuestas imparipinnadas, de unos 50 cm de longitud; cada hoja tiene de 11 a 31 folíolos de entre 6 y 10 cm de longitud, con ápices largamente acuminados, márgenes dentados y sin pedúnculos, con la característica de que tanto el pecíolo como el raquis son pubescentes (vellosos). La peculiaridad de este árbol estriba en que en otoño, las semanas previas a la caída de las hojas, estas adquieren vistosas tonalidades y matices que van desde el amarillo anaranjado hasta el rojo escarlata.

El zumaque de Virginia es una especie dioica, es decir, que tiene las flores masculinas y las femeninas separadas en diferentes árboles. Las flores masculinas aparecen en primavera en grandes racimos ramificados que miden unos 50 cm de largo. Cuando se abren estas efímeras cabezuelas florales, son al principio de un color verdoso con matices rojizos debido a unas pelusillas que crecen en medio de sus numerosas brácteas. Cada flor masculina dispone de cinco sépalos, cinco pétalos de un verde amarillento y cinco estambres.  Las flores femeninas forman racimos más pequeños y agrupados, son también de color verde rojizo y, al igual que las masculinas, poseen cinco sépalos y cinco pétalos y su pistilo sólo dispone de una celda.

 Sus frutos son pequeñas drupas comprimidas y globosas de unos 3 ó 4 mm de diámetro, que se reúnen formando un cono compacto y erguido de unos 20 cm de altura que permanece en el árbol a lo largo del invierno y que, debido al crecimiento vigoroso de una especie de pelusa de color rojizo, toma un hermoso y aterciopelado color carmesí. Las semillas son redondas, duras y de color pardo, y no germinan hasta la segunda primavera después de haber madurado.

El cono compacto y piloso, muy decorativo, del zumaque de Virginia.

El tronco del zumaque de Virginia

El 9 de abril de 2011, las directivas de nuestra entidad presentes en la imagen plantaron un zumaque de Virginia en el Jardín Americano de la EXPO´92.

julio 11, 2011

El árbol del coral o ceibo

Árbol del coral plantado en el año 1929 en la puerta del Hotel Alfonso XIII de Sevilla

El primer árbol del coral que se plantó en Sevilla data de la Exposición Iberoamericana del año 1929, y aún lo podemos contemplar en la zona ajardinada del Hotel Alfonso XIII. También hay ejemplares en el Pabellón de Cuba (situado en la avenida de la Palmera), en el Jardín de la Caridad, en las tapias de La Cartuja frente al Jardín Americano y en el cortijo del parque de El Alamillo.

El nombre científico de este ornamental árbol es Erythrina crista-galli L. y pertenece a la familia de las Fabáceas (o bien a la familia de las Leguminosas o a la de las Cesalpináceas, según el autor y el año de su descripción). Es originario de Sudamérica, concretamente de la cuenca del río Paraná, y tanto Argentina como Uruguay han adoptado su flor como flor nacional. Su copa es amplia, abierta, poco densa e irregular, y está formada por ramificaciones robustas que tienden a elevarse; el tronco es grueso, retorcido y nudoso, de fuste corto, a veces con porte arbustivo, y su corteza, de color gris oscuro, es bastante gruesa, con profundas grietas longitudinales. Los árboles del coral no son resistentes a las heladas, sobre todo cuando son jóvenes.

Sus hojas son caducas, opuestas y compuestas trifoliadas, es decir, formadas por tres folíolos; estos folíolos tienen una forma más o menos elíptica, con el ápice agudo, y suelen medir unos 10 cm de largo, aunque el folíolo terminal es de mayor tamaño; la nervadura central de cada folíolo presenta pequeños aguijones. El pecíolo de la hoja mide unos 8 cm de longitud y también tiene una espinita en forma de gancho.

Sus flores, de color rojo escarlata, forman vistosos racimos de hasta medio metro de largo en los extremos de las ramas. La corola está compuesta por cinco pétalos desiguales que forman un juego de reclamo y recompensa para los insectos polinizadores: destaca, como en todas las Fabáceas, el pétalo denominado “estandarte”, que es curvo, mide unos 4 cm de longitud y posee una especie de uña de color verdoso; bajo el estandarte hay otros dos pétalos soldados, de forma navicular y también de unos 4 cm de largo; por último, escondidos dentro del cáliz se encuentran dos pequeños pétalos laterales de apenas 1 cm de largo. Cada flor presenta diez estambres de 4 cm de longitud, nueve de ellos soldados por sus filamentos, formando un haz. En Sevilla, el árbol del coral comienza a florecer a principios del mes de junio y perdura hasta el día de la Virgen de los Reyes.

Sus frutos son unas vainas de color marrón casi negruzco y de unos 15 cm de longitud, aplastadas entre semilla y semilla, de textura leñosa y con forma arqueada y tortuosa, que se estrechan por los extremos y al llegar a su madurez se abren por ambas suturas para dejar que las semillas se esparzan y colonicen nuevos ambientes (proceso conocido como autocoria). Estas semillas son algo reniformes, de color castaño oscuro y de unos 12 mm de longitud; normalmente germinan sin ayuda, pero si queremos acelerar la germinación, lijaremos levemente la superficie de las semillas y las sumergiremos en agua caliente, a unos 60 grados centígrados, antes de sembrarlas.

Hasta julio de 2011 hemos plantado ejemplares de árbol del coral en los lugares siguientes:

El 21 de junio de 1997, en el Arboreto del Carambolo.

El 6 de noviembre de 2002, en el parque José Celestino Mutis con los alumnos del colegio Fray Bartolomé de las Casas. Lamentablemente, los vándalos lo arrancaron.

El 7 de mayo de 2003, en los jardines de la Parroquia de la Oliva. Se marchitó.

Hojas trifoliadas del árbol del coral

Flores y tronco del árbol del coral

El 21 de junio de 1997, plantamos un árbol del coral en el Arboreto de El Carambolo. En la imagen, Ana Basanta en representación de EMASESA y Chindasvinto Monchul y Jacinto Martínez de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva.

Árbol del coral blanco -Uruguay-

Detalles de las flores blancas.

enero 3, 2011

La bauhinia blanca

La bauhinia blanca es un árbol exótico en Sevilla; que sepamos, sólo lo podemos contemplar en el Jardín Americano de la EXPO`92, junto al cerramiento que hay al lado del jardín de las cactáceas, donde plantamos un ejemplar con los alumnos del colegio Fray Bartolomé de las Casas el día 10 de noviembre de 2010. Su nombre científico es Bauhinia forticata Link., y pertenece a la familia de las Fabáceas. Es originario de América del Sur, de las regiones meridionales de Brasil que lindan con Argentina, concretamente de las riberas del río Uruguay, donde forma bosques de galería. Su crecimiento se puede considerar como medio y rara vez sobrepasa los 7 metros de altura. Su copa, de forma irregular, aunque un tanto redondeada, está formada por ramas normalmente arqueadas; hay que ser prudentes a la hora de configurar su copa, ya que es un árbol muy sensible a las podas. Su tronco suele ser recto y la corteza es de color gris oscuro con estrías profundas. Su madera, que es conocida como ”falsa caoba” por su semejanza con la misma, es muy apreciada. Como procede de una zona subtropical, a la bauhinia blanca le afectan mucho las heladas.

Sus hojas, casi perennes (este árbol sólo está sin hojas pocas semanas), son alternas y simples, y se caracterizan por estar divididas en dos lóbulos que le dan la forma de una pezuña de vaca con los bordes enteros. Cada hoja dispone de un largo pecíolo en cuya base posee dos estípulas espinosas.

Sus flores son efímeras, pues abren por la mañana y al atardecer del mismo día se marchitan. Suelen brotar en los extremos de las ramas viejas, bien solitarias, bien en grupos de 2 ó 3; los botones florales están recubiertos de un fino indumento de color tabaco. El cáliz es de color verdoso y de forma acampanada; la corola está compuesta por cinco pétalos sin soldar de color blanco y de forma lanceolada, que miden unos 9 cm de largo. Cada flor posee 10 estambres desiguales organizados en dos grupos de 5 anteras notorias; además, tiene un estigma bilobulado y un largo estilo. La bauhinia blanca se caracteriza porque suele florecer muy joven, a veces cuando apenas supera el metro de altura. En Sevilla su floración tiene lugar durante el mes de agosto.

El fruto es una legumbre o vaina coriácea de unos 15 cm de longitud, de forma recta y aplanada, que toma el color castaño oscuro al madurar y al secarse se retuerce con energía para esparcir a distancia las semillas. Estas son ovoides, planas, de color negruzco y de aproximadamente un centímetro de diámetro.

El día 10 de noviembre de 2010, plantamos con los alumnos del colegio Fray Bartolomé de las Casas una bauhinia blanca en el Jardín Americano.

Flor de la bauhinia blanca.

Frutos de la bauhinia blanca.

Semilla de la bauhinia blanca.

diciembre 2, 2010

La tevetia amarilla

La tevetia amarilla es un arbusto o arbolito ornamental que se ha adaptado bien al clima de Sevilla. Sin embargo, hasta la fecha está poco representado. En los jardines de los Reales Alcázares se encuentran los ejemplares más antiguos, pero también los hay en el Jardín Americano, fruto de la contribución que realizó Colombia para el Programa Raíces enviando unos plantones de esta especie que llegaron al vivero de la Expo´92 el día 15 de marzo de 1987. Y cómo no, en la barriada Nuestra Señora de la Oliva, en el jardín lateral del bloque 34, junto a la Peña Sevillista, tenemos otra tevetia. El nombre científico de la tevetia amarilla es Thevetia peruviana (Pers.) K. Shum. y pertenece a la familia de las Apocináceas. Es originaria de la América Tropical, pero su procedencia concreta es dudosa, ya que se extiende desde México hasta el norte de Argentina (el nombre de peruviana hace referencia a lugar donde se identificó inicialmente). Podríamos calificar su crecimiento entre moderado y rápido; su altura media suele ser de unos 4 metros, pero algunos ejemplares superan los 8 metros. Su copa es de porte irregular y está formada por ramas largas y flexibles de un color verdoso salpicado de motas blanquecinas. El tronco es corto y a veces zigzagueante, y la corteza, de color grisáceo, presenta pequeñas fisuras al envejecer. La savia de la tevetia amarilla es tóxica; tanto es así, que ni las plagas ni los animales la atacan.

Sus hojas son perennes, enteras, coriáceas y alternas, pero girando sobre el tallo. De color verde brillante, su lámina es lineal y alargada (suelen medir entre 6 y 15 cm de longitud y entre 0,6 y 0,8 cm de ancho), la nerviación lateral apenas es perceptible y el pecíolo es muy corto. Estas hojas, al caer, dejan pequeñas huellas o cicatrices en las ramas.

Las flores de la tevetia amarilla, que desprenden una suave fragancia, son de color amarillo y tienen forma acampanada; suelen colgar sobre pedúnculos largos al final de las ramas y están compuestas por 5 pétalos superpuestos que se abren en espiral (la corola mide entre 4 y 6 cm de longitud) y un cáliz glanduloso en la base. Su prolongada floración tiene lugar desde la primavera hasta finales del otoño, razón por la cual las flores y los frutos de este arbolito coinciden en las ramas. 

El fruto es una drupa de curiosa apariencia, pues se asemeja a una irregular figura rómbica de unos 4 cm de largo. Es de color verde, pero al madurar se torna en negro mate, y en su interior se encuentran dos semillas redondeadas y leñosas. Hemos observado que basta tan sólo con tenerlas 18 horas en remojo, para que las semillas activen su mecanismo de germinación.

Hasta noviembre de 2010 hemos plantado ejemplares de tevetia amarilla en los lugares siguientes:

El 19 de junio de 1993, en la Bda. Ntra. Sra. de la Oliva.

El 21 de septiembre de 2003, en el parque José Celestino Mutis.

El 22 de febrero de 2005, en los jardines del Centro Cívico Esqueleto.

El 26 de febrero de 2006, en el parque de Utrera.

El 10 de junio de 2007, en el Arboreto del Club de Campo.

La tevetia amarilla en la Bda. Ntra. Sra. de la Oliva

La flor de la tevetia amarilla.

Los frutos de la tevetia amarilla

10-06-07 Plantación de una tevetia amarilla en el Club de Campo

19-06-93 Plantación de una tevetia amarilla en la Bda. Ntra. Sra. de la Oliva. Celebración del Día del Barrio.

noviembre 1, 2010

El guayabo

Una vez conseguida la restauración y apertura del Jardín Americano, tras muchos años de abandono consentido, llegó la hora de mimarlo y de disfrutar de su contenido botánico; por nuestra parte, recibirá el afecto y la disposición altruista que siempre hemos dado a los parques y jardines de nuestra ciudad. El pasado 30 de octubre plantamos en el Jardín Americano un ejemplar de guayabo, también conocido como guayabero. Su nombre científico es Psidium guajava L. y pertenece a la familia de las Mirtáceas. Es muy probable que sea originario de la región denominada Mesoamérica, pero debido a que resiste bien la sequía y el calor intenso se ha naturalizado y extendido desde México hasta el norte de Argentina. Es una especie de crecimiento rápido que en condiciones óptimas puede alcanzar hasta 10 metros de altura, pero que, por otra parte, no suele superar los 50 años de longevidad. Su copa es irregular y está formada por ascendentes ramas que normalmente son gruesas y retorcidas; el tronco es algo tortuoso y ramificado desde poca altura, y su corteza, de color pardo rojizo, presenta manchas amarillento-verdosas cuando se descama.

Sus hojas, dependiendo de la latitud, son perennes o casi perennes; también son opuestas, enteras y de forma oblonga o elíptica, con los márgenes enteros, y están sustentadas por un pequeño pecíolo. Miden de 4 a 12 cm de longitud y de 3 a 6 cm de ancho, y su nerviación está hundida por el haz pero sobresale por el envés. De color verde claro, en invierno adquieren tonalidades rojizas.

Las flores del guayabo, olorosas, de color blanco y de unos 2,5 cm de diámetro, brotan unas veces solitarias y otras en pares de las axilas de las ramas. Cada flor está sostenida por un pedúnculo delgado y corto y posee numerosos estambres que sobresalen por encima de los 4 ó 5 pétalos ovales; los sépalos, en igual número que los pétalos, presentan la característica de que son verdes por fuera y blanquecinos por dentro.

El fruto de este árbol se denomina guayaba y es una baya de aspecto ovoide o redondeado de unos 10 cm de diámetro, cuya cáscara exterior es cerosa, lisa y de color amarillento. La pulpa, de sabor agradable, es cremosa y de tonalidad rosada, con la peculiaridad de que enseguida se descompone o pudre. Sus semillas están envueltas en la pulpa, son duras y de forma angulosa, quizás semejantes a pequeños riñones de unos 3 ó 4 mm; su vitalidad sólo dura un par de meses.

El 13-05-07 plantamos un guayabo en la Asociación Club de Campo de Sevilla, en la parcela de América del Arboretum Intercontinental, y el 30-10-10, en el Jardín Americano de la EXPO`92.

Frutos y hojas del guayabo

Flores del guayabo

13-05-07 Plantación de un guayabo en el Jardín Intercontinental de la Asociación Club de Campo de Sevilla.

30-10-10 Plantación de un guayabo en el Jardín Americano de la EXPO´92. El director gerente Curro Oñate colaborando en la plantación.

septiembre 6, 2010

El roble de Virginia

Roble de Virginia en el parque José Celestino Mutis de Sevilla.

Detalle de las hojas y el fruto del roble de Virginia.

La llegada de nuevas especies con los pertinentes controles fitosanitarios y su adaptación a las condiciones climáticas de nuestra ciudad ha enriquecido la biodiversidad de nuestros parques y jardines. El roble de Virginia fue introducido en Sevilla con motivo de la Exposición Universal de 1992 a través del Programa Raíces, por el cual 21 países del Nuevo Continente facilitaron las plantas más representativas de sus respectivas naciones para que fuesen ubicadas en el Jardín Americano de la EXPO´92. En Sevilla, además del que hay en el Jardín Americano, existe un ejemplar en el parque José Celestino Mutis y otro en la parte trasera del Monasterio de la Cartuja, frente a la pasarela.

El nombre científico de este ornamental árbol es Quercus virginiana Mill. y pertenece a la familia de las Fagáceas. Es originario de la zona comprendida entre el sudeste de los Estados Unidos y el nordeste de México, así como de la Isla de Pinos (Cuba); el nombre específico de virginiana alude al estado de Virginia, donde abundan los bosques de esta especie. Se trata de un árbol de crecimiento lento que aislado llega a superar los 18 metros de altura. Su copa es densa, redondeada pero con tendencia a expandirse, y formada por ramas casi horizontales, de modo que cuando envejece suele ser el doble de ancho que de alto, motivo por el que proporciona una amplia y benéfica sombra. Su tronco es recto y robusto y a veces presenta contrafuertes en la base; la corteza, de un color marrón muy oscuro con ciertas tonalidades rojizas, se agrieta a medida que envejece formando fisuras cortas y profundas. Podríamos calificarlo como un árbol de características rústicas, pues resiste la salinidad de los suelos arenosos, aguanta el frío y las heladas hasta casi los -20º C y suele brotar después de sufrir un incendio.

Sus hojas son perennes, irregularmente alternas, coriáceas, lampiñas y simples, con una forma entre elíptica y oblonga, y miden de 4 a 10 cm de longitud; tienen los márgenes enteros o levemente lobulados y el ápice redondeado; el pecíolo suele medir 0,5 cm de largo. Son de un color verde brillante por el haz y algo pálido por el envés.

El roble de Virginia es una especie monoica, es decir, que en un mismo ejemplar se encuentran separadas las flores de cada sexo. Las flores masculinas se agrupan en amentos o espigas colgantes y filiformes, y su cáliz acampanado presenta entre 4 y 7 lóbulos. Las flores femeninas, en cambio, son solitarias y disponen de 2 óvulos en cada cavidad, de los que por lo general sólo madura uno en cada pistilo.

Sus frutos son aquenios o bellotas pequeñas de unos 2 cm de longitud con la cuarta parte cubierta por una cúpula o cápsula escamosa de 1,5 cm de ancho.

El día 4 de septiembre de 2010 plantamos un ejemplar de roble de Virginia en la finca rural Las Navezuelas de Cazalla de la Sierra (Sevilla).

julio 14, 2010

El parque José Celestino Mutis se seca

Por falta de riego, se ha secado uno de los árboles de Tule (Taxodium mucronatun Tenore) que hay plantados en el parque José Celestino Mutis desde 1996. Este árbol procedía del vivero de la EXPO´92. Había sido donado por México a través del Programa Raíces y llegó a Sevilla el día 8 de marzo de 1988.

Nuestro histórico árbol de Tule se ha secado por la desidia e irresponsabilidad de la delegación de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla, que continuamente hace dejación de sus funciones.

junio 24, 2010

La jacaranda

Sevilla en el mes de mayo se viste de lila. Tan hermosa es la floración de la jacaranda, que los sevillanos la hemos adoptado y nos hemos sumado a quienes le asignan el género femenino, aunque en otros países y regiones se conoce como el jacarandá. Los primeros ejemplares se plantaron frente al Pabellón Real de la Plaza de América con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, y en la actualidad la jacaranda está presente en la mayoría de los parques de la ciudad. También la podemos contemplar en la Plaza de Juan de Austria, en la avenida de Ramón y Cajal y, cerca de la Catedral, en los jardines de la Lonja (a este árbol, por cierto, recientemente le han dado una poda mutiladora). Los ejemplares de esta especie que en 1989 Argentina y Bolivia donaron para el Programa Raíces de la EXPO`92 fueron plantados en la isla de la Cartuja. La jacaranda tampoco falta en la barriada Nuestra Señora de la Oliva: destaca la que hay frente al bloque 123, de cerca de 40 años de edad.

Este bellísimo árbol tiene por nombre científico Jacaranda mimosifolia D. Don. y pertenece a la familia de las Bignoniáceas. Es originario de Sudamérica, concretamente del curso medio del río Paraguay, en la región Guaraní, que comprende el norte de Argentina, el sur del Brasil y el noreste del Paraguay (en el idioma guaraní, la palabra jacarandá significa ‘fragante’). La jacaranda es un árbol de crecimiento entre medio y rápido, con una longevidad que supera los cien años; cuando se acerca al medio siglo suele alcanzar los 15 metros de altura. Su copa es irregular, abierta y ancha, formada por ramas frágiles y largas que componen una densa y atractiva silueta. El tronco, por lo general recto y largo, suele estar deshojado, y su fuste suele medir un tercio de la altura; al envejecer, se le forman contrafuertes en la base. La corteza, en su juventud lisa y de color grisáceo, con los años se oscurece y se hiende en escamas rectangulares.

Sus hojas, brevemente caducas, caen a finales del mes de marzo y brotan después de la floración de mayo; son opuestas, compuestas y bipinnadas, con pinnas que tienen de 25 a 30 pares de folíolos, de aproximadamente un centímetro de largo cada uno. Estas hojas son semejantes a las frondas de los helechos o a las hojas de las mimosas (el término específico mimosifolia significa ‘parecido a la mimosa’). La jacaranda es uno de los árboles que más dióxido de carbono absorben, o sea, que es un gran sumidero de CO2.

Sus flores, que esparcen una fragancia suave, son de color azul violáceo y miden unos 5 cm de largo; se reúnen en panículas terminales (en el extremo de las ramas), y cada panícula se compone de unas 50 flores. La corola de cada flor, tubular y acampanada, está formada por 5 pétalos soldados con lóbulos redondeados y desiguales; el cáliz es pequeño, mientras que los pistilos son bastantes largos. La floración del mes de mayo es espectacular, y la caída de las flores produce en el suelo un efecto de alfombra; sin embargo, la segunda floración, que tiene lugar durante los meses de septiembre y octubre (recordando la primavera del hemisferio sur de donde procede), configura otra estampa, como si a su copa verde la salpicaran de peinetas lilas.

El fruto de la jacaranda es una cápsula casi redonda, de 5 a 7 cm de diámetro, aplanada y con los bordes ondulados, que al madurar se lignifica, toma un color negruzco y se abre en dos partes (es un fruto dehiscente) para expulsar casi un centenar de semillas. Cada semilla, de forma vagamente circular y provista de una membrana delgada y translúcida que la rodea, mide entre 7 y 9 mm de diámetro.

Hasta el mes de junio de 2010 hemos plantado ejemplares de jacaranda en estos puntos de la ciudad de Sevilla:

El 28 de febrero de 1985, en el jardín parroquial de la Bda. Ntra. Sra. de la Oliva.

El 10 de enero de 1987, en la barriada Ntra. Sra. de la Oliva, detrás del bloque 21.

El 28 de diciembre de 1996, en la plaza central de los bloques de Nueva Europa y Getsemaní (es esta ocasión plantamos 12 jacarandas).

El 18 de noviembre de 2000, en los Jardines del Cristina.

El 30 de enero de 2004, día de la Paz, en el colegio Fray Bartolomé de las Casas.

El 2 de abril de 2008, en el Centro Cívico Esqueleto.

El 6 de junio de 2008, en El Alamillo.

El 16 de mayo de 2009, en la barriada Ntra. Sra. de la Oliva, detrás del bloque 44.

Jacarandas en flor en la barriada Ntra. Sra. de la Oliva de Sevilla.

Las flores de la jacaranda.

El día de Andalucía de 1985, plantamos una jacaranda en el jardín parroquial de la barriada Ntra. Sra. de la Oliva.

El día 28 de diciembre de 1996, con la ayuda de los chavales del barrio, plantamos 12 jacarandas en la plaza central de los bloques de Nueva Europa y Getsemaní.

El día 18 de noviembre de 2000, plantamos una jacaranda en los jardines del Cristina.

El día 6 de junio de 2008, día del Medio Ambiente, plantamos una jacaranda en el parque de El Alamillo.

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Para conocer la historia de los árboles de América en los jardines de Sevilla, pinche aquí.

junio 13, 2010

El aromo blanco

En el pinar de Oromana, frente al puente que cruza el río Guadaíra, hay un viejo aromo blanco de cuyas semillas proceden los ejemplares de esta especie que hemos cultivado en nuestro vivero para su posterior distribución por colegios y jardines. Este es otro árbol exótico que, por su extraordinaria vigorosidad y por su tolerancia a la aridez, se ha naturalizado muy bien en Sevilla. Su nombre científico es Leucaena leucocephala (Lam.) de Wit  y pertenece a la de familia de las Leguminosas. Es originario del sur de México, concretamente de la península de Yucatán, aunque su cultivo se ha extendido por toda la América tropical. De crecimiento rápido, con una longevidad de unos 50 años y a veces de porte arbustivo, el aromo blanco no suele sobrepasar los 9 metros de altura. Su copa es irregular, rala, ligeramente abierta, algo desgarbada, y está formada por ramas cilíndricas ascendentes; el tronco, delgado y sin nudos, suele bifurcarse a diferentes alturas; la corteza, de color pardo grisáceo, es lisa o ligeramente fisurada.

Las hojas de este árbol son perennes, alternas y bipinnadas (es decir, doblemente pinnadas); miden de 9 a 25 cm de largo y tienen entre 4 y 10 pares de pinnas, cada una de las cuales dispone de entre 5 y 20 pares de folíolos de forma lanceolada, sésiles, algo oblicuos y de 8 a 15 mm de longitud.

Sus flores se agrupan en pequeñas cabezuelas blanquecinas de unos 2 cm de diámetro que suelen brotar a pares en los extremos de las ramas. Cada cabezuela está formada por un centenar de flores tubulares de pétalos libres, cáliz pubescente y una decena de  estambres de color crema. En Sevilla, la floración del aromo blanco dura desde el mes de mayo hasta principios de otoño.

Sus frutos son legumbres aplanadas de hasta 20 cm de longitud y 2 cm de ancho, que al madurar toman un color marrón oscuro y que tienen un pico en el ápice. Cada vaina contiene en su interior de 15 a 30 semillas semejantes a las del girasol, de color marrón brillante y de 1 cm de largo, que están dispuestas transversalmente en la vaina y que mantienen para su germinación una larga viabilidad.

En Sevilla lo podemos contemplar frente al número 35 de la calle Ancha de San Bernardo, en el parque José Celestino Mutis, en el Jardín Americano y en la barriada Nuestra Señora de la Oliva (frente al bloque 127).

Hasta el mes de junio de 2010 hemos plantado ejemplares de aromo blanco en los lugares siguientes:

El 18-01-98, en el parque de El Almendral de Carmona.

El 12-01-07, en la barriada Ntra. Sra. de la Oliva de Sevilla, frente al bloque 127.

El 13-01-10, en el colegio Reina Fabiola de Alcalá de Guadaíra.

El 25-02-10, en el colegio público Zurbarán de Sevilla.

Aromo blanco plantado el día 12 de enero de 2007, en la barriada Ntra. Sra. de la Oliva, frente al bloque 127.

La flor del aromo blanco.

El 18 de enero de 1998, plantamos un aromo blanco en el parque de El Almendral de Carmona. Presidió el acto el entonces alcalde don Sebastián Martín Recio.

El 25 de febrero de 2010 plantamos un aromo blanco en el colegio Zurbarán de la barriada Ntra. Sra. de la Oliva, con motivo de la celebración del Día de Andalucía.

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abril 15, 2010

El lapacho rosado

Nuestra asociación llevaba una década reclamándolo y por fin, el día 11 de abril de 2010, se abrió al público el Jardín Americano de la EXPO`92, después de 18 años de completo abandono. Recorriendo sus recónditas veredas hemos contemplado en plena floración el lapacho rosado, y su belleza nos ha invitado a su descripción. Comencemos por reseñar que, dentro del Programa Raíces, fue Paraguay el país que lo donó para la Exposición Universal de Sevilla de 1992. El nombre científico del lapacho rosado es Tabebuia impetiginosa (Mart. ex DC) Standl., y pertenece a la familia de las Bignoniáceas. Su lugar de origen es el nordeste de Argentina, pero se ha ido extendiendo su naturalización hasta México, con la peculiaridad de que se desarrolla desde el nivel del mar hasta la cota de 1.400 m de altitud. Es un árbol de crecimiento medio que en las zonas tropicales suele sobrepasar los 20 metros de altura, y las características de su madera (su bello color café oscuro, su dureza y su lisa textura) atraen a las motosierras. La copa por lo general es extendida e irregular, y el follaje se concentra en los extremos de las ramas. El tronco es recto, cilíndrico y de fuste alto, y su llamativa corteza es de un color castaño oscuro tirando a negruzco, salpicado de pequeñas motas verticales de color blanquecino.

Sus hojas son caducas, opuestas, compuestas digitadas, y tienen entre 5 y 7 folíolos con los márgenes ligeramente serrados y unidos por pecioluelos de 1 a 4 cm de largo. El pecíolo de cada hoja mide de 5 a 11 cm, y tanto los pecíolos como los pecioluelos se caracterizan por ser de color negruzco, color que también adoptan las hojas al marchitarse.

Las flores son de color rosado, de forma tubular y de unos 6 cm de longitud, y están dispuestas en redondas inflorescencias terminales de hasta 30 cm de largo. La corola tiene forma de embudo, con los pétalos llenos de abundantes pelillos cortos, y el cáliz es campanulado, de 6 a 9 mm de largo. La efímera y espléndida floración del lapacho rosado coincide con la Feria de Abril de Sevilla.

Sus frutos son unas cápsulas cilíndricas de 15 a 40 cm de longitud y de 1 a 2,5 cm de ancho, que caen péndulas. Estas vainas se tornan negruzcas cuando maduran, momento en que se abren longitudinalmente como una cremallera para dejar salir a multitud de semillas, semillas con forma aplastada y bordeadas por una membrana transparente que les sirve como parapente para dispersarse.

Hasta abril de 2010 hemos plantado lapachos rosados en los siguientes lugares:

El 25-09-04, en los Jardines de la Caridad de Sevilla.

El 19-04-06, en el arboreto El Carambolo.

El 05-06-08, en el colegio Cristóbal Colón de Sevilla.

El 12-04-10, en el parque José Celestino Mutis de Sevilla.

Los Jardines de la Caridad de Sevilla padecieron demasiado tiempo un inmerecido abandono. Nuestra entidad y la Plataforma Ciudadana por los Parques y Jardines de Sevilla nos movilizamos y reclamamos su recuperación y apertura. Para conmemorar este hecho, plantamos un lapacho rosado el día 25 de septiembre de 2004.

El día 19 de abril de 2006, con la Coordinadora de Entidades de Mayores del Sur, realizamos una visita al arboreto de El Carambolo y plantamos un lapacho rosado.

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marzo 20, 2010

La guayaba fresa

El primer ejemplar de la guayaba fresa llegó a Sevilla el 8 de abril de 1988 procedente de Uruguay (donde se conoce a esta especie con el nombre de arazá) para su aclimatación en el vivero de San Jerónimo y su posterior plantación en el Jardín Americano de la Expo`92. Más tarde, este arbolito formó parte del contenido botánico del parque José Celestino Mutis, que fue inaugurado 16 de junio de 1997.

El nombre científico de la guayaba fresa es Psidium cattleianum Sabine, y pertenece a la familia de las Mirtáceas. Se trata de un árbol originario de América del Sur, concretamente de Uruguay y de la zona meridional del Brasil; de crecimiento rápido, si crece aislado puede alcanzar los siete metros de altura. Su copa es irregular, muy frondosa y con ramas levemente zigzagueantes y desnudas, que parten casi desde la misma base del tronco; éste es bastante liso, con la corteza de color grisáceo salpicada de manchas de color marrón claro que se desprenden al envejecer. Es heliófilo (es decir, que requiere mucha luz solar) y tolera bien el salitre del mar.

Las hojas son perennes, coriáceas, opuestas, simples, con los márgenes lisos y levemente ondulados; tienen forma elíptica, una longitud de 5 a 8 cm y el pecíolo corto. Los brotes presentan tonalidades rojizas.

Las flores, abundantes y solitarias, aparecen en las axilas de las hojas. Cada flor, de un tamaño que oscila entre los 2 y los 3 cm de diámetro, tiene cinco pétalos de color blanco y numerosos estambres de un color blanquecino amarillento.

El fruto es una baya redonda de entre 2 y 5 cm de largo y de color rojizo (aunque a veces es amarilla). Es comestible y su pulpa, blanquecina y con un sabor agridulce, resulta ideal para preparar confituras y mermeladas. En su interior dispone de entre 40 y 60 semillas, que son de color marrón claro y miden unos 3 mm de longitud.

A continuación ofrecemos varias fotografías de la guayaba fresa del parque José Celestino Mutis, único ejemplar de esta especie en los jardines de Sevilla hasta la fecha:

El día 20 de marzo de 2010 plantamos una guayaba fresa en el parque de la Vereda de Utrera (Sevilla). El arbolito ha sido cultivado en el vivero de nuestra asociación y procede de la donación de plantones que hizo Uruguay para el Jardín Americano de la Exposición Universal de Sevilla de 1992.

Plantación de la guayaba fresa en el parque de la Vereda de Utrera.

 

enero 30, 2010

La tara

La primera vez que vimos una tara fue en el año 1986, en los jardines del palacio de la Duquesa de Medina Sidonia en Sanlúcar de Barrameda. Entonces solicitamos que se nos permitiera recolectar semillas de este árbol, lo cual amablemente se nos concedió. Tuvimos suerte, pues germinaron todas, y pasados dos años, el día 1 de mayo de 1988, plantamos un ejemplar en la barriada Nuestra Señora de la Oliva, en el jardín lateral del bloque 24. La tara, cuyo nombre científico es Caesalpinia spinosa (Molina) Kuntze, pertenece a la familia de las Leguminosas. Aunque este árbol es originario del Perú, se encuentra muy distribuido por los países de su entorno (Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador; este último país fue quien donó los ejemplares para el Jardín Americano de la EXPO`92). Es de crecimiento rápido y en raras ocasiones alcanza los 10 m de altura. Su copa, formada por ramas ascendentes, es irregular y poco densa; su tronco, recto y cilíndrico, tiene una corteza grisácea de fondo negruzco y agrietado que dispone de espinas dispersas de hasta 4 mm de longitud. Su raíz es pivotante, profunda y fijadora del nitrógeno. Podríamos clasificarlo como árbol rústico, ya que resiste la sequía y las plagas.

Las hojas son perennes, alternas (dispuestas en espiral) y armadas con algunas espinas; son compuestas bipinnadas, miden entre 8 y 12 cm de largo y están formadas por 3 ó 4 pares de pinnas, cada una con 6 u 8 pares de folíolos opuestos, de forma oblongo-elíptica y de 2 a 3 cm de longitud, con los bordes enteros y una textura maleable.

Las flores están agrupadas en racimos de 8 a 20 cm de longitud. Su cáliz es irregular, pues dispone de un sépalo largo con numerosos apéndices en el borde; la corola es pentámera y los pétalos son libres, de color amarillento y de un tamaño que dobla a los 10 estambres que normalmente suele tener. En Sevilla, la tara florece casi todo el año.

El fruto es una vaina encorvada de color naranja rojizo y de unos 10 cm de longitud, que en su interior contiene de 6 a 10 semillas ovoides ligeramente aplanadas y de color pardo oscuro; su tegumento es duro e impermeable, por lo que necesita un tratamiento previo para acelerar su germinación.

Hasta enero de 2010 hemos plantado taras en los siguientes lugares:

El 6-05-1999, en el Arboreto de El Carambolo (Coca de la Piñera- Camas).

El 10-02-2001, en el Jardín Botánico los Gayumbos, en Valverde del Camino (Huelva).

El 16-10-2002, en el parque José Celestino Mutis (Sevilla).

El 28-05-2004, en el parque de Consolación (Utrera).

El 5-11-2004, en el colegio Zurbarán (Sevilla).

El 13-06-2006, en el IES Ramón Carande (Sevilla).

El 10-06-2007, en el Arboreto Intercontinental del Club de Campo de Sevilla.

El 29-01-2010, en el colegio Cristóbal Colón (Sevilla).

En el año 1988, plantamos esta tara en el jardín del bloque 24 de la bda. Ntra. Sra. de la Oliva.

El 06-05-99, los miembros de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva plantaron una tara en el Arboreto de El Carambolo.

El 29 de enero de 2010 celebramos el Día de la Paz plantando una tara en el colegio Cristóbal Colón, situado en el barrio sevillano del Tiro de Línea. En la foto, Antonio Ruano, profesor del colegio Cristóbal Colón, con sus alumnos.

Finalizada la plantación, los alumnos y los profesores del colegio Cristóbal Colón posan junto al arbolito.

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enero 10, 2010

El caobo

Dentro del Programa Raíces, una expedición cubana trajo a nuestra ciudad varios ejemplares de caobo el día 22 de septiembre de 1988. El nombre científico del caobo es Swietenia mahagoni (L.) Jacq.; perteneciente a la familia de las Meliáceas, esta especie es originaria del sur de Florida, desde donde se propagó por las islas de las Antillas, principalmente en Cuba; de crecimiento medio, en su lugar de origen suele superar los 20 metros de altura. Su copa es alta y redondeada, formada por ramas gruesas en expansión; el tronco es recto y libre de ramas hasta unos 3 metros, y suele ensancharse por la base formando contrafuertes; la corteza es lisa cuando el árbol es joven, pero al envejecer se vuelve escamosa y áspera y toma un color gris oscuro con tonalidades pardas. Su duramen (la parte más central y dura del tronco y de las ramas gruesas) presenta un bellísimo color marrón rojizo, motivo por el cual la madera del caobo está catalogada como madera preciosa, y se emplea en ebanistería para fabricar muebles de calidad. Para evitar su extinción, su tala está muy restringida en Cuba.

Sus hojas las podríamos denominar como semicaducas, ya que las viejas caen al finalizar el invierno, justo cuando comienza a brotar el nuevo follaje, de modo que el caobo suele estar desnudo sólo un par de semanas. Estas hojas miden de 10 a 25 cm y son alternas, compuestas y pinnadas; tienen de 3 a 6 pares de folíolos opuestos, algo asimétricos y de forma ovada y acuminada, que cuando son jóvenes son de color cobrizo claro y que con el tiempo adquieren un color verdoso amarillento.

Sus flores comienzan a aparecer cuando el caobo tiene cumplidos los 12 años de edad, y como se trata de un árbol monoico, tanto las flores masculinas como las femeninas están en la misma panícula y en el mismo árbol. Las flores, que desprenden un suave perfume, son pequeñas y aparecen a la vez que las hojas nuevas; suelen brotar en espigas axilares y sus pétalos, que miden de 3 a 4 mm, son de un color blanquecino algo amarillento.

El fruto del caobo es una cápsula leñosa, de color pardo y con forma de pera, que mide unos 10 cm de largo y que al madurar se abre por la base para esparcir unas 60 semillas aladas que al desprenderse giran y vuelan de lado; dichas semillas miden unos 5 cm de largo y son de color marrón rojizo.

El 25 de noviembre de 2000, plantamos un caobo en el parque José Celestino Mutis, con motivo de la clausura del XXVII Congreso de la Asociación de Parques y Jardines Públicos.

El 25-11-2000, en el momento de la plantación del caobo, Alberto García Camarassa, responsable de la jardinería de la EXPO`92 y coautor del parque José Celestino Mutis, se dirige a echar su palada de tierra.

Una vez plantado el caobo, los miembros de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva posamos con Adolfo Fernández Palomares, director del Parque del Alamillo. Lamentablemente, al día siguiente de la plantación se llevaron la placa conmemorativa del acto y al caobo lo serraron por encima del armazón protector; sin embargo, el caobo tuvo ganas de vivir, le brotaron nuevas ramas y hoy se desarrolla con normalidad.

Las hojas del caobo.

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enero 1, 2010

El timbó u oreja de negro

Los primeros ejemplares de oreja de negro llegaron a Sevilla el 8 de abril de 1988 y fueron donados por Uruguay al Programa Raíces, que tenía por objetivo la aclimatación de plantas del Nuevo Continente para la EXPO`92. Años más tarde, en el mes de julio de 2001, recolectamos las primeras semillas de esta especie en el Jardín Americano, logramos hacerlas germinar y desde entonces hemos ido plantando estos jóvenes arbolitos en colegios y parques.

En Uruguay lo llaman timbó y su nombre científico es Enterolobium contortisiliquum (Vell.) Morong. Perteneciente a la familia de las Mimosáceas, este árbol es originario de Sudamérica, concretamente de la región que comprende tanto el sur de Brasil como Uruguay, donde llega a superar los 20 metros de altura. Su copa es ancha y de forma semiesférica; su tronco, cilíndrico y de gran diámetro para sustentar las gruesas y extendidas ramas; su corteza, de color grisáceo, es lisa con abundantes protuberancias llamadas lenticelas, y como contiene saponina, dicha corteza es utilizada por los lugareños como sustituto del jabón.

Sus hojas son tardíamente caducas, alternas, compuestas, bipinnadas, de hasta 25 cm de largo; suelen disponer de 6 a 8 pinnas que contienen entre 10 y 20 pares de folíolos opuestos, lanceolados, agudos, de base asimétrica y de unos 0,5 a 2 cm de longitud. Son de un color verde oscuro por el haz y más claro por el envés.

Sus flores están reunidas en inflorescencias axilares formadas por capítulos semiesféricos de 10 a 20 flores tubulosas cada uno. Debido a su pequeño tamaño, al hecho de que sobresalen menos que las hojas y a su color blanco verdoso, estas flores son poco vistosas. Su floración, que en el hemisferio sur tiene lugar entre los meses de octubre y diciembre, en nuestra ciudad se adelanta al mes de mayo.

El fruto del timbó es una legumbre leñosa, circular, sinuosa, irregular y de color negro, cuyo aspecto recuerda a la oreja humana. Tiene un diámetro que oscila entre los 5 y los 9 centímetros y suele persistir en el árbol sujeto a un largo pedúnculo leñoso durante todo el invierno. En su interior contiene de 8 a 16 semillas ovaladas y de color marrón, que miden unos 8 milímetros de diámetro.

Hasta la fecha hemos plantado orejas de negro en los lugares siguientes:

El 26-04-03, en el Jardín Botánico “Los Gayumbos”, de Valverde del Camino, en recuerdo de Guillermo Raya.

El 11-02-04, en el Arboretum de El Carambolo, con los alumnos del colegio Fray Bartolomé de las Casas.

El 31-10-07, en el colegio Fray Bartolomé de las Casas, pero más tarde el arbolito se secó.

El 17-07-08, en el parque José Celestino Mutis de Sevilla. Lamentablemente, los vándalos lo arrancaron y hubo que plantar un nuevo timbó.

El 4-11-08, en el colegio Fray Bartolomé de las Casas.

El 4-10-09, en el Club de Campo de Sevilla (Arboretum Intercontinental).

El día 26 de abril de 2003 plantamos un ejemplar de oreja de negro en el Jardín Botánico “Los Gayumbos”, sito en el término municipal de Valverde del Camino, en homenaje a su constructor, Guillermo Raya.

El día 17 de julio de 2008, plantamos un ejemplar de oreja de negro en el parque José Celestino Mutis de Sevilla. Posteriormente, los vándalos lo arrancaron.

El día 4 de octubre de 2009 realizamos la IV plantación de árboles en el Arboretum Intercontinental de la Asociación Club de Campo de Sevilla. En el espacio dedicado al continente americano, plantamos un ejemplar de oreja de negro.

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diciembre 23, 2009

El guayabo del Brasil

El guayabo del Brasil, también conocido como feijoa, no está muy representado en la ciudad de Sevilla. Hay uno ornamental en la plaza de Santa Cruz y cuatro ejemplares en la parte trasera del Museo Arqueológico. Originario de la zona meridional de Brasil y del norte de Argentina, su nombre científico es Feijoa sellowiana O. Berg y pertenece a la familia de las Mirtáceas. De crecimiento lento, a veces alcanza los 5 metros de altura; la corteza es grisácea con fondo de color naranja oscuro; el tronco tiene tendencia a ramificarse desde la base, y la copa es redondeada.

Sus hojas son perennes, opuestas, pecioladas, enteras, de forma elíptica, de 4 a 6 cm de longitud, de color verde brillante por el haz y gris plateado por el envés.

Las flores normalmente son solitarias o bien aparecen reunidas en ramilletes axilares de dos o tres, y florecen a finales de abril emanando un perfume agradable. Cada flor, de unos 3 centímetros de diámetro, posee 4 pétalos céreos que externamente son de color blanquecino, pero que por fuera toman un color rosáceo una vez polinizada la flor; además, ésta dispone de unos 70 u 80 estambres de color rojizo muy salientes, y su pistilo tiene el ovario cuadrilocular.

El fruto es una baya comestible, de forma ovoidal y de unos 5 cm de largo, que tiene la piel lisa y de color verde claro, y una jugosa pulpa de color blanquecino; en su interior alberga entre 20 y 40 semillas. Al llegar el otoño, el fruto madura y se desprende de la rama.

El 5 de noviembre de 2009 plantamos una feijoa en el colegio Fray Bartolomé de las Casas del Polígono Sur.

La flor de la feijoa.

5-11-2009: Plantación de una feijoa por los alumnos del colegio Fray Bartolomé de las Casas.

El 28-2-1993, para celebrar el Día de Andalucía, plantamos una feijoa frente al bloque 36. Desgraciadamente, al año siguiente se secó.

El Día de Andalucía de 1993 plantamos una feijoa en el albero que hay frente al bloque 36. Al poco tiempo, el arbolito se secó. El siguiente artículo fue publicado en el Boletín Informativo de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva nº 5 del mes de noviembre de 1996.

LA FEIJOA MUERTA

Cuando el verano llegó a su ocaso, la feijoa destartalada se secó. Al plantar un árbol, tengo la esperanza de que éste me sobreviva cuando yo duerma para siempre a la sombra de los cipreses; por eso, no sé como consolar la tristeza que me embarga y este dolor silencioso deseo dejarlo impreso en este folio blanco, blanco como un sudario.

Desde hace veinticinco años me gusta pasear bajo la sombra amable y hospitalaria de los árboles de La Oliva. Todos ellos me brindaron desinteresada­mente su amistad. Por eso, de mi amiga la feijoa guardo, como si se tratara de una carta de amor, las diapositivas de su última floración, y tengo registrado en mis recuerdos el sonido inocente de los aplausos que los niños del preescolar le dieron agradecidos cuando, recorriendo el Itinerario Botánico en el mes de abril, la contemplaron repleta de flores.

Presiento que el jazmín del bloque 36, en su rincón solitario, cuyas flores en primavera como espumas blancas forman una cascada florida, no competirá más en belleza con los estambres rojos y los pétalos aterciopelados de la feijoa.

Para qué seguir, si ya pertenece al olvido; si los niños del preescolar no la aplaudirán cuando llegue la primavera, ni los vecinos preguntarán cómo se llama ese arbolito que tiene el tronco doblado y que esta frente al jazmín de Pedro, ni los universitarios de Farmacia y Biología volverán a investigar los secretos de sus flores, ni los pajarillos picotearán sus frutos…

No sé si como ser vivo tenías espíritu; de todas formas, descansa en paz, alma fraterna. J.M.

diciembre 22, 2009

El margaritero

Se trata de un arbolito o arbusto ornamental que rara vez alcanza los 10 metros de altura. En Sevilla se le conoce con el nombre de margaritero y su nombre científico es Montanoa bipinnatifida (Kunth) C. Koch. Pertenece a la familia de las Asteráceas y es originario del continente americano, concretamente de México. Su copa está formada por numerosas ramitas que brotan desde la base de su tronco recto, cuya corteza es bastante lisa y su color es verdoso levemente grisáceo. Por experiencia sabemos que aguanta mal las heladas y que se reproduce muy bien por esqueje.

Sus hojas son perennes, simples, de 30 a 50 cm de longitud, opuestas, lobuladas y divididas en la parte basal, con el contorno levemente dentado. Son de color verde grisáceo por el haz; el envés es áspero y pubescente, y el pecíolo mide unos 10 cm de largo.

Sus flores son hermafroditas y están agrupadas o dispuestas en panojas, podríamos decir que son unas margaritas grandes de 5 a 7 cm de diámetro, y cada margarita está formada por un capítulo rodeado de lígulas blancas. En nuestra ciudad el margaritero florece en el mes de diciembre.

El fruto es un aquenio que no se abre, en cuyo interior contiene una sola semilla ovalada de 3 a 4 mm de largo.

Con motivo del V Encuentro Intergeneracional, nuestra Asociación plantó un margaritero en el Centro Cívico “Esqueleto” el 30 de marzo de 2009. Para muchas personas plantar un árbol significa colaborar con el equilibrio ecológico del planeta Tierra. Deseamos que este arbolito pueda ofrecernos su hermosa floración durante muchos años.

Margaritero (Montanoa bipinnatifida (Kunth) C. Koch)

diciembre 16, 2009

El almez americano

El almez americano es una especie que se ha adaptado muy bien a las condiciones climáticas de nuestra ciudad. Su nombre científico es Celtis occidentalis L. y pertenece a la familia de las Ulmáceas. Es originario de Norteamérica, de la zona del estado de Misisipi, y su porte es menor que el del almez europeo, ya que su altura no llega a superar los 12 metros. La copa, de forma extendida, está formada por ramitas zigzagueantes, a menudo colgantes. El tronco es robusto, con un contrafuerte en la base, y su corteza, de color gris parduzco, al envejecer se vuelve suberosa, es decir, con excrecencias verrugosas.

Sus hojas son caducas, alternas, simples, de forma ovalada, levemente aserradas, con las bases asimétricamente redondeadas y con las puntas agudas; miden entre 6 y 8 centímetros de longitud y de 3 a 5 centímetros de ancho. Tienen una estructura venosa muy característica, ya que cerca del pecíolo parten tres nervios principales que por el envés presentan diminutas pelusillas.

Las flores son pequeñas, de color verdoso, y cuelgan de un largo pedúnculo. Las hay de sexos opuestos en el mismo árbol: las masculinas suelen estar agrupadas y las femeninas algo aisladas o, como mucho, en grupos de dos o tres. A partir de éstas últimas se forman los frutos, que cuelgan de las axilas de las hojas y que son drupas esféricas y carnosas de aproximadamente 0,8 centímetros de diámetro, que en otoño toman un color marrón anaranjado y que en su interior sólo tienen una semilla.

El 30 de enero de 2009 plantamos un ejemplar en el colegio Cristóbal Colón del Tiro de Línea para celebrar el Día de la Paz y con el deseo de que este árbol fuera contemplado por muchas promociones de alumnos. También puede verse en el parque José Celestino Mutis y en varias calles de Sevilla, como en la mediana de la calle Juan Antonio Cavestany.

Frutos del almez americano (Celtis occidentalis L.).

Plantación de un almez americano en el colegio Cristóbal Colón.

El 26-11-2005 plantamos un almez americano en el pueblo sevillano de San Nicolás del Puerto, en una jornada de confraternidad organizada conjuntamente con el Club Unesco Sevilla. En la foto, el alcalde Francisco Rodríguez y el destacado político socialista José Caballos.

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