El guayabo del Brasil

El guayabo del Brasil, también conocido como feijoa, no está muy representado en la ciudad de Sevilla. Hay uno ornamental en la plaza de Santa Cruz y cuatro ejemplares en la parte trasera del Museo Arqueológico. Originario de la zona meridional de Brasil y del norte de Argentina, su nombre científico es Feijoa sellowiana O. Berg y pertenece a la familia de las Mirtáceas. De crecimiento lento, a veces alcanza los 5 metros de altura; la corteza es grisácea con fondo de color naranja oscuro; el tronco tiene tendencia a ramificarse desde la base, y la copa es redondeada.

Sus hojas son perennes, opuestas, pecioladas, enteras, de forma elíptica, de 4 a 6 cm de longitud, de color verde brillante por el haz y gris plateado por el envés.

Las flores normalmente son solitarias o bien aparecen reunidas en ramilletes axilares de dos o tres, y florecen a finales de abril emanando un perfume agradable. Cada flor, de unos 3 centímetros de diámetro, posee 4 pétalos céreos que externamente son de color blanquecino, pero que por fuera toman un color rosáceo una vez polinizada la flor; además, ésta dispone de unos 70 u 80 estambres de color rojizo muy salientes, y su pistilo tiene el ovario cuadrilocular.

El fruto es una baya comestible, de forma ovoidal y de unos 5 cm de largo, que tiene la piel lisa y de color verde claro, y una jugosa pulpa de color blanquecino; en su interior alberga entre 20 y 40 semillas. Al llegar el otoño, el fruto madura y se desprende de la rama.

El 5 de noviembre de 2009 plantamos una feijoa en el colegio Fray Bartolomé de las Casas del Polígono Sur.

La flor de la feijoa.

5-11-2009: Plantación de una feijoa por los alumnos del colegio Fray Bartolomé de las Casas.

El 28-2-1993, para celebrar el Día de Andalucía, plantamos una feijoa frente al bloque 36. Desgraciadamente, al año siguiente se secó.

El Día de Andalucía de 1993 plantamos una feijoa en el albero que hay frente al bloque 36. Al poco tiempo, el arbolito se secó. El siguiente artículo fue publicado en el Boletín Informativo de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva nº 5 del mes de noviembre de 1996.

LA FEIJOA MUERTA

Cuando el verano llegó a su ocaso, la feijoa destartalada se secó. Al plantar un árbol, tengo la esperanza de que éste me sobreviva cuando yo duerma para siempre a la sombra de los cipreses; por eso, no sé como consolar la tristeza que me embarga y este dolor silencioso deseo dejarlo impreso en este folio blanco, blanco como un sudario.

Desde hace veinticinco años me gusta pasear bajo la sombra amable y hospitalaria de los árboles de La Oliva. Todos ellos me brindaron desinteresada­mente su amistad. Por eso, de mi amiga la feijoa guardo, como si se tratara de una carta de amor, las diapositivas de su última floración, y tengo registrado en mis recuerdos el sonido inocente de los aplausos que los niños del preescolar le dieron agradecidos cuando, recorriendo el Itinerario Botánico en el mes de abril, la contemplaron repleta de flores.

Presiento que el jazmín del bloque 36, en su rincón solitario, cuyas flores en primavera como espumas blancas forman una cascada florida, no competirá más en belleza con los estambres rojos y los pétalos aterciopelados de la feijoa.

Para qué seguir, si ya pertenece al olvido; si los niños del preescolar no la aplaudirán cuando llegue la primavera, ni los vecinos preguntarán cómo se llama ese arbolito que tiene el tronco doblado y que esta frente al jazmín de Pedro, ni los universitarios de Farmacia y Biología volverán a investigar los secretos de sus flores, ni los pajarillos picotearán sus frutos…

No sé si como ser vivo tenías espíritu; de todas formas, descansa en paz, alma fraterna. J.M.

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