El roble de Virginia

Roble de Virginia en el parque José Celestino Mutis de Sevilla.

Detalle de las hojas y el fruto del roble de Virginia.

La llegada de nuevas especies con los pertinentes controles fitosanitarios y su adaptación a las condiciones climáticas de nuestra ciudad ha enriquecido la biodiversidad de nuestros parques y jardines. El roble de Virginia fue introducido en Sevilla con motivo de la Exposición Universal de 1992 a través del Programa Raíces, por el cual 21 países del Nuevo Continente facilitaron las plantas más representativas de sus respectivas naciones para que fuesen ubicadas en el Jardín Americano de la EXPO´92. En Sevilla, además del que hay en el Jardín Americano, existe un ejemplar en el parque José Celestino Mutis y otro en la parte trasera del Monasterio de la Cartuja, frente a la pasarela.

El nombre científico de este ornamental árbol es Quercus virginiana Mill. y pertenece a la familia de las Fagáceas. Es originario de la zona comprendida entre el sudeste de los Estados Unidos y el nordeste de México, así como de la Isla de Pinos (Cuba); el nombre específico de virginiana alude al estado de Virginia, donde abundan los bosques de esta especie. Se trata de un árbol de crecimiento lento que aislado llega a superar los 18 metros de altura. Su copa es densa, redondeada pero con tendencia a expandirse, y formada por ramas casi horizontales, de modo que cuando envejece suele ser el doble de ancho que de alto, motivo por el que proporciona una amplia y benéfica sombra. Su tronco es recto y robusto y a veces presenta contrafuertes en la base; la corteza, de un color marrón muy oscuro con ciertas tonalidades rojizas, se agrieta a medida que envejece formando fisuras cortas y profundas. Podríamos calificarlo como un árbol de características rústicas, pues resiste la salinidad de los suelos arenosos, aguanta el frío y las heladas hasta casi los -20º C y suele brotar después de sufrir un incendio.

Sus hojas son perennes, irregularmente alternas, coriáceas, lampiñas y simples, con una forma entre elíptica y oblonga, y miden de 4 a 10 cm de longitud; tienen los márgenes enteros o levemente lobulados y el ápice redondeado; el pecíolo suele medir 0,5 cm de largo. Son de un color verde brillante por el haz y algo pálido por el envés.

El roble de Virginia es una especie monoica, es decir, que en un mismo ejemplar se encuentran separadas las flores de cada sexo. Las flores masculinas se agrupan en amentos o espigas colgantes y filiformes, y su cáliz acampanado presenta entre 4 y 7 lóbulos. Las flores femeninas, en cambio, son solitarias y disponen de 2 óvulos en cada cavidad, de los que por lo general sólo madura uno en cada pistilo.

Sus frutos son aquenios o bellotas pequeñas de unos 2 cm de longitud con la cuarta parte cubierta por una cúpula o cápsula escamosa de 1,5 cm de ancho.

El día 4 de septiembre de 2010 plantamos un ejemplar de roble de Virginia en la finca rural Las Navezuelas de Cazalla de la Sierra (Sevilla).

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