Las fresias o palmiras

Flores de las fresias o palmiras.

En Sevilla, a las fresias las llamamos palmiras, y consideramos un regalo de la Naturaleza su perfecta adaptación al clima de nuestra ciudad. Esta planta de estructura vegetativa subterránea es una de las más populares que cultivamos los aficionados sevillanos; recuerdo que, en mi niñez, allá por los años cincuenta, mi vecina Encarnación Morales me regaló una maceta de palmiras que cuidé con sumo esmero en la azotea del corral de vecinos donde nací, en el sevillano barrio de san Bernardo. El género Freesia está representado solamente por 19 especies, pero hay que precisar que las que se cultivan y comercializan actualmente son en realidad híbridos complejos que reciben el nombre científico de Freesia x hybrida y que proceden del cruzamiento de las especies F. alba, F. refracta, F. corymbosa y F. leichtlinnii. Con respecto a la familia, las fresias pertenecen a la de las Iridáceas, y con relación a su procedencia, añadiremos que son originarias de la provincia de Cabo Occidental, situada al sur de Sudáfrica.

Las plantas geófilas son aquellas plantas que tienen órganos subterráneos de almacenamiento de sustancias nutritivas, y estos órganos pueden ser bulbos, rizomas, tubérculos o cormos. Pues bien, los cormos de las fresias son unos tallos de base hinchada, recubiertos por fuera de varias capas de hojas secas, que parecen unas peritas de san Juan de unos 2,5 cm de diámetro. Estos cormos se deben plantar con las primeras lluvias del mes de septiembre y de manera que la tierra los cubra unos 5 cm, para que el viento no doble las plantas cuando estas se desarrollen. Una vez pasada la floración hay que esperar a que la parte aérea se marchite completamente para proceder a sacar los cormos de la tierra, que una vez extraídos se limpiarán y se guardarán entre serrín en un lugar seco y oscuro.

Sus hojas son lineales, aplanadas, estrechas y puntiagudas; podríamos decir que son ensiformes (es decir, semejantes a espadas) y están dispuestas en forma de abanico; miden de 15 a 20 cm de longitud y son de un color verde oscuro intenso.

Sus flores, hermafroditas, son muy aromáticas y se encuentran reunidas en filas de 3 a 9 flores que se van abriendo sucesivamente; éstas permanecen más o menos erguidas sobre un tallo floral que forma un ángulo de 90º con el resto del tallo que sobresale de la mata. Tras el largo proceso de hibridaciones, actualmente las flores de las fresias presentan una amplia gama de colores brillantes que van desde el blanco de la variedad “Albión” al rojo de la variedad “Red Star”. El perigonio, que parece un embudo algo irregular, está compuesto por 6 tépalos unidos en la base, y puede ser simple o doble. Los estambres son libres y el estilo, filiforme, está dividido en tres ramas bífidas.

En Sevilla, si los cormos fueron plantados a primeros de septiembre, la floración tiene lugar a mediados del mes de febrero y suele durar hasta finales de marzo.

Las hojas de las fresias.

Detalle de la flor de la fresia.

La disposición de las flores de la fresia.

El cormo de la fresia.

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