Presentación del libro “Entre los árboles del parque”, de Marisol Buero

El presidente de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva saludando a todos los presentes en el acto.

Con la asistencia de un numeroso público tuvo lugar en nuestra sede social la presentación del libro de Marisol Buero “Entre los árboles del parque”, en el que la autora relata sus primeros recuerdos del sevillano Parque de María Luisa, el afectuoso contacto con los árboles y la contemplación de los atardeceres desde la Plaza de América. Asimismo, cuenta su paso por la Universidad de Sevilla, sus prácticas y vivencias en el Museo Arqueológico, su vinculación con nuestra Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva y también con la Plataforma Ciudadana por los Parques, los Jardines y el Paisaje de Sevilla.

En la mesa, acompañaban a Marisol Buero el académico Fernando Fernández y su amigo el escritor alcalareño Francisco López.

Desarrollo del acto

Comenzó el acto con el saludo y bienvenida del presidente de la entidad a todos los asistentes, y manifestó en primer lugar que este libro era el tercero que se presentaba en nuestra asociación. Con relación a Marisol, relató que siempre le había acompañado en la defensa de los árboles y zonas verdes de Sevilla, y con respecto al libro dijo que tal vez la autora haya sentido la necesidad de dejar constancia de su sensibilidad para la posteridad. A continuación, tomó la palabra Francisco López Pérez, escritor alcalareño y amigo de la autora, que además ha escrito el prologo el libro. Curro López desglosó su larga y afectuosa amistad con Marisol y utilizó unas bellas metáforas para dar a entender las positivas sensaciones que transmite la lectura del libro.

Acto seguido, la autora del libro agradeció su presencia a todos los asistentes y explicó detalladamente la génesis del mismo. Marisol acabó sus palabras narrando el hecho que le había sucedido cuando asistió a la charla del ceramista Joan Panisello, hombre de reconocimiento internacional, en el mes de abril pasado. Cuenta que no le conocía de nada, pero se dejó llevar y asistió por curiosidad. En el transcurso de la conferencia, el ceramista comentó lo importante que son las cosas fortuitas que pasan por nuestra vida, y que él se lleva por las noches una rústica libreta de hojas sueltas unidas por una amplia gomilla, porque muchas veces se despierta con una nueva idea de trabajo, con una fórmula para un esmalte… y así la anota para no olvidarla. Cuenta que una noche se despertó, pero esta vez era una voz que le hablaba y le decía “Joan, tú que quieres a los árboles, que les hablas, que los abrazas, que tienes un huerto ecológico ¿por qué no haces una exposición dedicada a ellos?”.  Joan, sobresaltado, solo se atrevió a decir “¿pero cómo?”, y la voz le respondió: “cuando mañana te levantes, vas y se lo preguntas a ellos”. Lógicamente pasaría una noche inquieta, se levantó muy temprano, se dirigió a su jardín y comenzó a pensar cómo preguntarles a los árboles lo que tenía que hacer, a mirarlos, a tocarlos, pero de nada le servía. Entonces decidió irse a la entrada de la casa, donde tiene dos palmeras junto a un camino; allí pensó en hablarles, pero la proximidad de dicho camino y el paso de los vecinos le intimidó, pues le iban a tomar por loco. Así que se apoyó sobre una de las dos palmeras, mirando a la otra, que estaba a unos cinco metros, y se dijo: “mejor será preguntarlo con el pensamiento”. Y cuando estaba así, tranquilo, la voz le habló de nuevo y le dijo: “acércate”. Nervioso y sobresaltado se dirigió hacia la otra palmera, y cuando estaba a medio metro de ella la voz de nuevo le dijo: “ahora tócame”.  Y muy emocionado comenzó a tocarla, y notó su textura y la composición romboidal del tronco recientemente afeitado. Estando de este modo, de pronto le surgió la chispa creativa, y rápidamente se fue a su taller e hizo una plancha de barro que apoyó sobre el tronco de la palmera, sacando la impronta en negativo de su tronco. A partir de esto hizo una pieza, una escultura, y comenzó a recorrer los bosques cercanos para obtener de los árboles centenarios, que conocía desde su infancia en el Bajo Ebro, esas maravillosas texturas que dieron lugar a la exposición Binomio Hombre-Árbol que viajaría por España, y que fue muy disfrutada, en especial por los invidentes.

Y cuenta Marisol, que la conferencia parecía un regalo, pero fue mucho más, pues desde hacía dos años andaba buscando un artículo fotocopiado de un ceramista que sacaba las texturas de los árboles centenarios que le había impactado. No sabía, cuando decidió asistir a la charla, que aquello que buscaba, lo iba a encontrar con el regalo de la presencia en directo del mismo ceramista, del ceramista enamorado de los árboles.

Por último, Fernando Fernández Gómez, ex director del Museo Arqueológico de Sevilla y secretario general de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, informó de los costos de la edición del libro, pero puntualizó que Marisol no quería poner a la venta los ejemplares de su obra, sino que las aportaciones voluntarias de quienes lo adquirieran serían destinadas a la publicación de un díptico o póster educativo para fomentar la sensibilización en los ciudadanos, especialmente dirigido a los jóvenes para que respeten los árboles, los jardines y los parques de Sevilla.

Por último, dos directivas de la asociación Amigos de los Jardines de la Oliva le hicieron respectivamente entrega de la rosa de la sensibilidad y de la insignia de socia de honor de la entidad. Finalmente se degustaron unos aperitivos elaborados por las socias.

Un público numeroso estuvo presente en el acto de presentación.

Marisol Buero Martínez recibe por parte de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva la rosa de la sensibilidad.

Marisol posa con sus compañeras universitarias de Arqueología.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: