El drago de Canarias

El drago de la Plaza de Cuba de Sevilla

Los dragos de la Plaza de Cuba de Sevilla.

El drago de Canarias está bien representado en Sevilla: los ejemplares de mayor porte se encuentran en la Plaza de Cuba, pero si cruzamos el puente y nos acercamos al Muelle de la Sal podremos contemplar un dragonal o bosquecillo urbano formado por una veintena de dragos. También hay un ejemplar con tronco salomónico en la glorieta circular que remata el Paseo de Catalina de Ribera y que desemboca en la calle San Fernando y, por último, en el Parque Amate hay varios ejemplares de mediano tamaño. El nombre científico del drago de Canarias es Dracaena draco (L.) L. y pertenece a la familia de las Agaváceas (antiguamente estaba clasificado en las Liliáceas). El drago, que se puede considerar como una reliquia de la era terciara, es una especie endémica y emblemática de las Islas Canarias, especialmente de la isla de Tenerife, donde según la Ley del gobierno autonómico es el símbolo natural de esta isla, en la cual los ejemplares silvestres crecen en los barrancos de las estribaciones del monte Teide. Esta especie arborescente, perteneciente al grupo de las monocotiledóneas, tiene un desarrollo extremadamente lento: requiere casi diez años para alcanzar la altura de un metro, y con el paso de los años hay ejemplares que superan la cota de 12 metros. Su copa presenta una extraña y peculiar redondez, densa y oscura, y normalmente comienza a ramificar sobre los 15 años de edad. Su tallo o tronco es en principio columnar, grueso y simple, que ramifica en altura y presenta penachos de hojas en los extremos de las ramas. Su corteza, bastante lisa y de color grisáceo, conserva las marcas de las hojas caídas, pero con la edad su superficie se resquebraja; cuando se hiere la corteza, segrega una savia que en principio es casi incolora, pero que al contacto con la luz y el aire se oxida y se torna oscura y rojiza, parecida a la sangre. Soporta bien las sequías y los fríos, pero no las heladas prolongadas. Además es una especie muy longeva: en la isla de Tenerife hay dragos con centenares de años, como el famoso y espectacular ejemplar que hay en el pueblo de Icod de los Vinos.

Sus hojas son perennes y están agrupadas en espesos penachos en los extremos de las ramas; además, son enteras, sésiles, de forma lanceolada, de nervios paralelos y muy acuminadas; aunque flexibles, su textura es coriácea y carnosa; son de color verde azulado y miden algo más de medio metro de longitud y tienen unos 5 cm de ancho.

Sus flores aparecen en panículas terminales de unos 50 cm de longitud; son acampanadas y de color blanquecino amarillento, miden unos 2 cm de diámetro, poseen algo de fragancia, disponen de 6 sépalos y de 6 estambres. El drago no florece hasta que ha cumplido al menos una década de vida. En Sevilla, su floración tiene lugar en el mes de mayo.

Sus frutos son bayas esféricas que están dispuestas en racimos, y que al madurar toman el color anaranjado; miden alrededor de 1,5 cm de diámetro y permanecen en en la copa hasta el año siguiente. Su pulpa agridulce es de consistencia carnosa, y en su interior cada fruto contiene una semilla redonda y lisa.

Bosquecito de dragos a la orilla del Guadalquivir

Bosquecito de dragos a la orilla del Guadalquivir.

Detalles del tronco

Detalle del tronco y de las ramas del drago.

flor del drago

Las flores del drago.

Frutos del Drago

Los frutos del drago.

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