La casuarina

El 25 de febrero de 1997, plantamos una casuarina en el patio del recreo del colegio Manuel Canela.

El 25 de febrero de 1997, plantamos una casuarina en el patio de recreo del colegio Manuel Canela.

La casuarina es un árbol exótico que se ha naturalizado muy bien al clima sevillano. Es posible que el primer ejemplar introducido en nuestra ciudad se plantara en los Jardines del Cristina, tras la remodelación llevada a cabo para adaptarlos a la Exposición Iberoamericana de 1929; a pesar de que no es un árbol ornamental (ya que no posee una floración atractiva), en nuestra ciudad está bien distribuido, tanto en sus viarios como en sus parques y jardines. La denominación del género casuarina la toma por el parecido de sus ramitas con el plumaje del casuario, un ave de Nueva Guinea y Australia parecida al avestruz. El nombre científico de nuestro árbol es Casuarina equisetifolia (L.) ex J. R. Forst & G. Forst  y pertenece a la familia de las Casuarináceas. Posiblemente sea originario de las islas Andamán (India), desde donde se ha extendido hasta las islas de Borneo y Sumatra (Indonesia) y la zona subtropical costera del norte de Australia. Este árbol es de crecimiento rápido; suele superar los 20 metros de altura y su longevidad llega a los cien años. En sus primeros años, su copa es de aspecto cónico, pero con los años tiende a aplanarse de forma irregular; su tronco es recto y cilíndrico, y cuando envejece se forman contrafuertes en su base; su corteza, cuando es joven es lisa y de color grisáceo, pero cuando llega a la madurez se vuelve áspera, resquebrajada, gruesa y se torna de un color pardo casi negruzco. Se suele plantar para contener la erosión; además, tolera muy bien la salinidad y sus raíces son pivotantes, por lo que no levantan el acerado.

Sus hojas son de color verde grisáceo y se han reducido a pequeñas escamas de tan solo 1,5 mm de longitud que están dispuestas de modo verticilado en número de 6 a 8 en torno a las articulaciones o nudos de las ramitas o tallos alargados;  estas ramitas se suelen confundir a simple vista con las acículas de los pinos, sin embargo, si las observamos detenidamente comprobaremos que son articulaciones y están acanaladas en sentido longitudinal.

Sus flores son unisexuales y por lo general monoicas, o sea, que las masculinas y las femeninas están separadas y presentes en el mismo árbol; ambas son de reducido tamaño y poco vistosas. Las masculinas se concentran en anillos entre escamas grisáceas y están reunidas en delgadas espigas terminales de 1 a 4 cm de longitud; cada flor dispone de un estambre de color marrón de algo menos de 3 mm de largo y dos escamas de sépalos de tamaño diminuto. Las flores femeninas se disponen en pequeñas cabezuelas inferiores a 3 mm de diámetro y disponen de un pedúnculo corto; cada flor tiene un pistilo de unos 5 mm de largo, que incluye un ovario, un estilo muy corto y dos estigmas de color rojizo. La polinización se efectúa por el viento y, una vez fecundadas, las brácteas que acompañan a las flores se cierran en forma de glomérulos de casi 1 cm de diámetro. La floración tiene lugar entre los meses de abril y junio.

Sus frutos son múltiples y forman una falsa piña dura y leñosa de entre 13 y 16 mm de diámetro, que por lo general es más larga que ancha, similar a un cono; cada uno de estos “conos” lo forman entre 70 a 85 frutos de agudas puntas. Al madurar, las dos bractéolas que forman los frutos se abren para liberar una sola semilla alada de unos 5 mm de longitud, de color  amarillento oscuro.

Frutos y ramas de la casuarina

Frutos y ramas de la casuarina.

Ramitas con las diminutas hojas de la casuarina

Ramitas con las diminutas hojas de la casuarina.

Corteza de la casuarina.

Corteza de la casuarina.

Semillas de la casuarina

Semillas de la casuarina.

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