El quejigo

Quejigo situado en la finca de las Hermanillas, Grazalema (Cádiz). Es urgente que la Junta de Andalucía elabore un catálogo con los árboles singulares

Quejigo situado en la finca de las Hermanillas, Grazalema (Cádiz). Es urgente que la Junta de Andalucía elabore un catálogo de los árboles singulares.

El quejigo, también conocido como el roble andaluz, es un árbol de muy escasa representación en los parques y calles de Sevilla. Que sepamos, solo hay tres ejemplares en la barriada Ntra. Sra. de la Oliva; el de mayor porte, situado detrás de los bloques 48-49, en la zona de los aparcamientos, fue plantado por Paco Rodríguez y Jacinto Martínez el día 24 de diciembre de 1991. El nombre científico de este árbol es Quercus faginea Lam. y pertenece a la familia de las Fagáceas. Posiblemente sea originario del sur de la Península Ibérica, donde se encuentran los ejemplares más longevos y los grandes quejigales, concretamente en las laderas húmedas y zonas de umbría de la Sierra de Grazalema. Es una especie de crecimiento lento y también muy longeva, que llega a sobrepasar los 500 años de existencia. Otro dato es que, en condiciones climáticas favorables, suele superar los 20 metros de altura. Su copa, en ejemplares aislados, es amplia, más o menos redonda, con un follaje poco denso que puebla sus erguidas ramas; su tronco, bastante derecho y robusto, suele disponer de gruesa ramas que a veces crecen cerca del suelo; su corteza, de color parduzco, es poco gruesa y, con los años, se resquebraja y se arruga. Al quejigo le gustan los suelos calizos, crece bien en cotas situadas entre los 500 y los 1000 metros de altura, y en sus primeros años desarrolla un extenso sistema radial. Suele resistir menos la sequía que otros árboles de su mismo género. Otra característica es que en sus ramitas y sobre los brotes jóvenes se desarrolla una especie de pelota, conocida como agalla, que a primera vista parece un fruto pero que está producida por la picadura un insecto.

Sus hojas son marcescentes, lo que significa que las hojas caducas, ya marchitas una vez finalizado el periodo vegetativo, permanecen en las ramas durante el invierno, hasta que brotan las nuevas hojas en la primavera. Posiblemente esto sirva para disuadir a los animales herbívoros, ya que las hojas secas son amargas. Además, las hojas del quejigo son simples, de forma aovado-lanceolada, están dispuestas de manera alterna, son de consistencia subcoriácea, y en sus márgenes disponen de dientes profundos y punzantes. Su longitud varía entre los 4 y los 8 cm, y son de color verde brillante por el haz y algo vellosas y de color blanquecino por el envés; el limbo es ondeado y su pecíolo mide aproximadamente un centímetro de largo.

Sus flores son poco vistosas; al tratarse de una especie monoica, las flores de los dos sexos brotan separadas en el mismo árbol. Las masculinas se hallan agrupadas en inflorescencias conocidas como amentos de color verde amarillento, que suelen brotar en las ramitas del año anterior; estos amentos o espigas de flores del mismo sexo son colgantes, miden de 2 a 6 cm de largo y poseen 6 estambres por cada flor. Las flores femeninas, por su parte, nacen en amentos paucifloros (de pocas flores) de las axilas de las hojas jóvenes algo más tarde que las del sexo contrario; su estilo es corto, los estigmas espatulados y bruscamente reflejos; tras su fecundación, son las que originan el fruto.

Sus frutos son bellotas que miden entre 2 y 4 cm de largo; están sustentados entre las hojas por un corto pedúnculo y disponen del característico gorro semiesférico o cúpula de la base de la bellota. El quejido es una especie vecera, es decir, que un año da fruto y el año siguiente no.

Bellota del quejigo

Bellota del quejigo.

Flores masculinas del quejigo.

Flores masculinas del quejigo.

Hojas del quejigo

Hojas del quejigo.

Tronco y corteza del quejigo

Tronco y corteza del quejigo.

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