La degradación del Parque José Celestino Mutis

Un parque didáctico y temático como el J. Celestino Mutis, no es el lugar idóneo para montar la Calle del Infierno.

Un parque didáctico y temático como el José Celestino Mutis no es el lugar idóneo para montar la Calle del Infierno.

El Parque José Celestino Mutis, inaugurado por la alcaldesa Soledad Becerril el día 16 de junio de 1997, fue diseñado y construido como un parque didáctico y temático, tanto por su contenido botánico como por la distribución de las plantas. Nació por iniciativa de los vecinos de la Bda. Ntra. Sra. de la Oliva hace casi veinte años, y subsiste a duras penas tras haber soportado oleadas de vandalismo y épocas de total abandono, pero la voz de nuestra Asociación, que siempre denunció las agresiones de que era objeto, nunca la pudieron callar.

Ayer vimos con estupor cómo grandes camiones contenedores entraban en el parque y comenzaban a montar una especie de “calesitas” o cacharritos, al estilo de los de la Calle del Infierno… Precisamente ahora que se estaba instalando el riego por goteo y se estaban arreglando los caminos con albero.

¿Es que en todo el Polígono Sur no hay otro lugar más idóneo que este parque para instalar una “velá”?

En nuestra opinión es una aberración cargada de malas intenciones, que facilitará el vandalismo y que romperá el frágil equilibrio de este parque que tanto ha costado mantener. Parece mentira que se pueda ser tan insensible. Ya sabemos que, para paliar las necesidades reales del pueblo, los romanos montaban espectáculos circenses… Los políticos actuales se dedican a destruir los parques y jardines con espectáculos impropios de estos lugares.

El escritor José Mª Izquierdo, que también tuvo que enfrentarse a la Sevilla insensible y arboricida, decía lo siguiente:

Si queréis apreciar el grado de cultura de un pueblo
visitad sus jardines.
Y cuando los hayáis contemplado secos, polvorientos, sin aromas,
en un triste abandono y en un completo olvido;
sembrados de fragmentos de estatuas los paseos, y los árboles
deshojados, desenramados…
Cuando hayáis visto a los jóvenes (aun a los instruidos)
romper los faroles y los alambrados y los herrajes
de un típico balcón sobre el río,
y a las jóvenes (aun las distinguidas)
penetrar en los sembrados para saquearlos…
Cuando hayáis presenciado todo esto,
bien podéis exclamar con el corazón angustiado:
¡este pueblo no tiene sentimientos, no tiene arte ni amor,
carece de cultura!

Esto es una aberración.

Esto es una aberración.

 

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