El Parque José Celestino Mutis (por José Elías Bonells)

Parque José Celestino Mutis

El parque José Celestino Mutis.

EL PARQUE JOSÉ CELESTINO MUTIS

Por José Elías Bonells, exadjunto a la Jefatura del Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla.

ANTECEDENTES

En los años setenta la zona que actualmente ocupa el parque era cauce del Tamarguillo y vertedero de basuras y escombros.

El parque tiene una extensión de 40. 927 metros cuadrados y fue producto de la urbanización por la Empresa Pública del Suelo de este sector de la ciudad en el año 1994; según la Ley del Suelo, el  promotor debía construir el parque como una pieza más de la urbanización del sector.

El parque se construía cerca de la barriada Santa Genoveva y de la barriada Ntra. Sra. de la Oliva (“LA CARA AMABLE DE POLÍGONO SUR”, como se las denominaba).

En la barriada de La Oliva, la disposición compacta del tejido urbano y la morfología en planta de las edificaciones conforman una red de espacios libres interiores en los que se distribuyen zonas ajardinadas con una vegetación arbórea muy variada. Este aspecto le confiere una escena urbana atractiva al barrio.

El parque ofrecía una valoración positiva, en cuanto a ofrecer un espacio de paseo, recreo, pero también de encuentro entre los habitantes de Polígono Sur, sobre todo de La Oliva y de barrios cercanos como Santa Genoveva y el también llamado “Tiro de Línea”. Asimismo, la ejecución de este parque respondía en buena medida a las reivindicaciones que habían mantenido desde tiempo atrás muchos vecinos de La Oliva.

Los bloques originarios de la barriada Ntra. Sra. de La Oliva, las nuevas edificaciones de las Cooperativas, los jardines interiores y la fachada de todo este ámbito hacia el parque José Celestino Mutis y la ronda del Tamarguillo, forman parte del área que podemos considerar más “amable” o agradable para la percepción de los ciudadanos de la ciudad. El tejido compacto de sus edificios, el estado de sus fachadas, la dotación de equipamientos, el cuidado de sus jardines interiores y la identificación del barrio con un contexto social de personas “humildes pero trabajadoras” (expresión que se suele emplear para caracterizar su población respecto a la del entorno) son los elementos en los que sustento esta valoración.

En 1975, veinte años antes, surge la primera propuesta para convertir ese espacio en zona verde, como estaba previsto en el PGOU.

Nace en el barrio un movimiento ciudadano que cristalizará, durante 1986, en la constitución de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva, con unos objetivos muy claros: cuidar sus jardines  y crear un parque que responda a los criterios desarrollados por los propios vecinos.

Más de un millar de firmas recogidas por este grupo de incansables ciudadanos solicitan la creación del parque, ya.

Parecía que, por fin, se había conseguido la creación del nuevo parque, pues las autoridades habían tomado ya la resolución. Pero no. Ni las nuevas reivindicaciones, ni el sinfín de gestiones, ni la elaboración de una extensa documentación -con proyectos del futuro parque elaborados por los vecinos y los alumnos de los colegios y el instituto de la zona- impidieron que se produjeran unos acontecimientos inexplicables en cualquier sociedad contemporánea…

El inicio de las obras  tuvo problemas por la negativa de un matrimonio chabolista  de abandonar los terrenos donde la empresa encargada de las obras debía actuar. Las obras se demoraron, las de nivelación se realizaron hasta  las inmediaciones de los terrenos que utilizaba el  “okupa”, la Policía Local no podía hacer nada para desalojarlo hasta que no existiera una orden judicial…

Según los vecinos, el “okupa” disponía de medios económicos, tenía establecido un negocio de compra y venta de chatarra y hasta había creado un huerto y se dedicaba a criar palomas… Se tardó más tiempo del previsto,  pero al final fue desalojado en el mes de enero de 1997, y se mantenía en el terreno porque quería beneficiarse del desahucio en unos terrenos públicos que había ocupado  ilegalmente. El día de la inauguración todavía estaba en la puerta solicitando una indemnización.

La prensa recoge la inauguración del parque el día 19 de junio de 1997

EL PARQUE JOSÉ CELESTINO MUTIS

El 16 de junio de 1997 se inaugura este parque, tras más de dos décadas de gestiones, trabajos, reivindicaciones y estudios realizados por un grupo de ciudadanos  que creyó posible crear un nuevo parque en una zona que, entonces, parecía no interesar a muchos. Hoy, el Celestino Mutis es, sin duda, uno de los parques de Sevilla que presenta mayor interés botánico.

El parque, que debe su nombre al botánico andaluz José Celestino Mutis (en 1993 se había inaugurado un Jardín botánico con un nombre similar en La Rábida, Huelva), está situado en el Distrito Sur de la ciudad, entre las calles Párroco Antonio González Abato, Alfonso Lasso de la Vega y el paseo Poeta Manuel Benítez Carrasco, próximo a la barriada de la Oliva.

El parque linda con esta barriada caracterizada por la dominancia de bloques de pisos con patios interiores abiertos a la calle, en los cuales se destaca la presencia de zonas verdes.

En la zona oeste encontramos las infraestructuras correspondientes al instituto Ramón Carande  y también las edificaciones pertenecientes a la barriada del Tiro de Línea.

En la zona sur se puede apreciar a lo lejos el Complejo Hospitalario Virgen del Rocío, próximo a las vías de tren que delimitan el Distrito Sur.

Las obras dieron comienzo en 1995, pero se retrasaron un poco debido a que en la zona había un chabolista que debió ser realojado.

El parque debía ser proyectado y construido por EPSA con el visto bueno del Ayuntamiento, que posteriormente debía ser el recepcionador del mismo, finalizada la garantía establecida.

El ingeniero técnico agrícola especialista en jardinería, Alberto García Camarasa, fue el técnico de EPSA que participó activamente en el diseño, concepción y realización del Parque, junto al ingeniero Morales Bueno de la empresa constructora.

En la redacción del proyecto se tuvieron en cuenta las ideas propuestas por los niños del Instituto y los ciudadanos de la asociación, que se encargó de organizar una exposición de todos los dibujos realizados.

El criterio de diseño del parque  corresponde al de una zona blanda, que por su condición de urbana, ineludiblemente debe asumir las exigencias sociales del entorno relacionadas directamente con el ocio activo de los ciudadanos.

Originariamente, el terreno sobre el que se asienta era parte del cauce del Tamarguillo y un estercolero, que gracias a la iniciativa vecinal sería transformado en uno de los conjuntos botánicos más completos y bellos de la ciudad.

Organizado según una doble planta triangular, el parque se dispone sobre la base de parterres abiertos, sin setos, con paseos y áreas enlosadas o de albero

Cabe destacar el carácter didáctico del conjunto, ya que su diseño intenta mostrar el parque como un conjunto temático en el que se quiere representar la flora de los ambientes bioclimáticos tropical, subtropical, mediterráneo y continental. Muchas de las excelentes especies que aquí se pueden observar proceden de las que fueron traídas a la ciudad con motivo de la Exposición Universal de 1992.

Por la especialización de sus contenidos y su hilo conductor, encaja perfectamente en la denominación de parque didáctico.

Su argumento es de marcado carácter educativo y tiene como fundamento la representación de la flora ornamental concerniente a diferentes climas del planeta (tropical, subtropical, mediterráneo y continental), prestando especial atención a las especies americanas.

Algunas especies plantadas en el parque proceden de los excedentes de las plantaciones de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. Muchas de estas especies, exceptuando las plantadas en el Jardín Americano de la Expo, son únicas en los jardines de la ciudad.

La estructura de las plantaciones del parque se desarrolla bajo los siguientes criterios:

Alineación de árboles en los paseos y zonas de estancia.

Parterres ajardinados con praderas de césped.

Plantación aislada de ejemplares arbóreos y arbustos significativos.

 

El vandalismo ha sido el pan nuestro de cada día...ahora desde las instituciones.

El vandalismo ha sido el pan nuestro de cada día… Y ahora, desde las instituciones.

ELEMENTOS SINGULARES DE OBRA CIVIL

Además de los diferentes caminos de grava, asfalto y ladrillo, las fuentes de agua y las canalizaciones que surgen a lo largo del parque, hay que destacar los siguientes espacios:

En las zonas norte y oeste destacan sobre el conjunto las diversas áreas de parques infantiles, los espacios con instalaciones deportivas destinadas a la tercera edad, una pista  de patinaje, una cancha de baloncesto y el inicio de una pista de skating que nunca se construyó, además de la infraestructura correspondiente al instituto “Ramón Carande” conectado al parque.

En las zonas sur y este cabe resaltar las infraestructuras realizadas en el centro del parque. En las zonas sombreadas destacan las grandes pérgolas que, procedentes de los materiales que se utilizaron en la Expo 92, fueron instaladas con plantación de trepadoras en el suelo existente, mientras que las zonas centrales se encuentran al aire libre proporcionando descanso y disfrute a los visitantes, que pueden contemplar la belleza y diversidad que presenta el parque.

Organizado según una doble planta triangular, el parque se dispone sobre la base de parterres abiertos, sin setos, con paseos y áreas enlosadas o de albero.

Para su control de uso el parque fue  totalmente cerrado, con postes de tubos de hierro y malla de simple torsión, cubierta con Lonicera japónica (madreselva). Desde un principio, los ciudadanos, a través de la asociación Amigos de los Jardines de la Oliva, manifestaron la endeblez del cerramiento, fácilmente vulnerable, y el tiempo les dio la razón. A los pocos años el cerramiento tuvo que ser repuesto por otro más fuerte, ya que el anterior, con el peso de las plantas trepadoras, la oxidación y pudrición de los postes y la fuerza del viento era continuamente derribado en varias zonas del parque.

Una red de riego por el sistema enterrado junto con bocas de riego cubre las necesidades del parque. El cabezal de riego, junto con los motores de extracción de agua del subsuelo y su impulsión a la red, se encuentran dentro de una construcción realizada al efecto.

Ave del paraíso

Ave del paraíso.

VEGETACIÓN

Los casi 40.927 m² del parque se encuentran repartidos en diferentes zonas bioclimáticas, en las que se pueden contemplar ambientes tropicales, subtropicales, mediterráneos y continentales con un total de casi 150 especies diferentes.

Entre las especies singulares nos encontramos con Erythrina caffra (árbol del coral), Caryota mitis (palmera de cola de pescado), Ceiba speciosa (palo borracho), Quercus virginiana (encina o roble de Virginia), Cycas circinalis (Cica elegante)…

Accediendo al parque  podemos encontrar una cica elegante  (Cyca circinalis); un sabal (Sabal umbraculifera), palmera que puede alcanzar hasta los 25 metros de altura; la oreja de león (Leonotis leonorus), de floración naranja espectacular; una vigandia (Wigandia caracasana) con flores de color azul violeta; un ejemplar de flor del paraíso o azucena de porcelana  (Alpinia zerumbet), con sus llamativas flores blancas por fuera y amarillas/rojas por dentro, o una palmera enana (Phoenix roebelenii), entre otras muchas.

Siguiendo por el paseo encontramos a nuestra izquierda el mayor parterre del parque, el dedicado al ambiente mediterráneo. En este parterre podemos encontrar desde especies autóctonas de las áreas mediterráneas como la encina, el alcornoque, el algarrobo o el lentisco, hasta especies foráneas como el jambolero (Sizygium cumini), de origen asiático. El paseo desemboca en un área cubierta por pérgolas pobladas de buganvillas y rodeadas  de varios parterres, en los que podemos encontrar estoraques, acacias de bolas, cocos plumosos (Syagrus romanzoffiana), ombúes y plumeros.

Desde las pérgolas pasamos hacia una zona despejada que, a modo de rotonda, alberga el espacio reservado para el monumento a José Celestino Mutis, que hasta ahora no se ha instalado y llevamos casi veinte años de espera.

Clausura del XXVII Congreso de Parques y Jardines Públicos 25-11-2000 se plantó un caobo.

En la clausura del XXVII Congreso de Parques y Jardines Públicos (25-11-2000) se plantó un caobo.

La única Sweitenia mahogani de Sevilla (caobo de Cuba) que se encuentra en el parque José Celestino Mutis fue plantada el 25 de noviembre de 2000 en el parque, con motivo de la clausura del XXVII Congreso de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos, que se celebró en la ciudad.

En esta zona, y acompañados siempre por la presencia de la melia o paraíso, encontramos los conjuntos destinados a albergar las especies procedentes de América. Así, podemos observar gran cantidad de especies diferentes, entre las que cabe destacar un heliotropo, con sus flores de color azul, una mahonia carrascosa (Mahonia aquifolia), un palo verde y un ciprés de México (Taxodium mucronatum).

Si nos dirigimos ahora hacia la puerta de salida a la calle Alfonso Lasso de la Vega, nos encontramos plátanos, un “pica pica” (Lagunaria patersonii), un malvavisco o una verónica (Hebe traversii) originaria de Nueva Zelanda. Dirigiendo nuestra mirada hacia la entrada que habíamos tomado, observamos tres parterres dedicados a las plantas americanas. En el primero de ellos, podemos encontrar, entre otras, una catalpa. Los siguientes albergan un ceibo, un ave del paraíso, una yuca, un palo borracho, un abutilón y lágrimas de amor (Russelia equisetiformis), arbusto de pequeño porte y origen brasileño.

Las especies utilizadas para dar sombra a los paseos son principalmente las siguientes: Melia azedarach (paraíso), Koelreuteria paniculata (jabonero), Platanus x hibrida (plátano), Ulmus pumila (olmo siberiano), Jacaranda mimosaefolia (jacarandá), Citrus aurantium var. Amara (naranjo amargo).

El recorrido termina en dos parterres pensados para albergar, por un lado, especies de origen continental como el sauce llorón, un magnolio, eleagnos, hibiscos, trompeteros y árboles de Júpiter, y por el otro, especies de ambiente subtropical, entre las que contamos con limpiatubos (Callistemon speciosus), flor de pascua y drácenas. Llegamos así al inicio del parque, guiados por un brachichito de flor roja, un aromo blanco y un palo borracho.

En el recinto existían carteles informativos en las especies más relevantes que indicaban su nombre botánico, el nombre común, el botánico que las clasificó y el país de origen de las plantas, constituyendo en un recorrido por el parque un itinerario botánico reflejado en los planos del parque que existían. Ahora quedan pocas placas informativas y el efecto de itinerario botánico ha desaparecido; han pasado veinte años desde la inauguración del parque y alguien se debería haber preocupado de que el parque no perdiera su interés educativo.

Sin embargo, algunas especies de las que tenían que haberse plantado no lo fueron y otras han desaparecido, lo que determina que los parterres no reflejen con claridad la idea con la que fueron diseñados. Algunas placas identificativas de las especies vegetales han desaparecido, otras no corresponden a la especie que señalan, y otras son ilegibles.

Las actuaciones que deben realizarse en este parque no pueden olvidar la finalidad educativa con la que se creó.

Exponiendo especies vegetales que difícilmente podríamos encontrar en otros parques de la ciudad, el parque Celestino Mutis se ha convertido en uno de los conjuntos botánicos más importantes de Sevilla, digno homenaje a la figura, casi desconocida, del prolífico científico y botánico gaditano que descubrió las facultades medicinales de la quina: José Celestino Mutis.

Buena parte de estas plantas proceden de las singulares actuaciones que tuvieron lugar en la jardinería con motivo de la celebración de la exposición universal de 1992, por lo que aquí vegetan especies americanas que difícilmente se podrían encontrar en otros lugares.

José Celestino Mutis, estudiando la mutisia y el canelo.

José Celestino Mutis, estudiando la mutisia y el canelo.

LA ASOCIACIÓN AMIGOS DE LOS JARDINES DE LA OLIVA

Hemos visto a través de lo anteriormente descrito la importancia de la participación ciudadana a la hora de conseguir agilizar las obras, en este caso de la construcción del parque.

En 1986 surge un movimiento ciudadano que constituye la asociación “Amigos de los Jardines de la Oliva”, que resultó fundamental para la creación de un parque que respondiera a las necesidades sociales de la zona. Muchas gestiones, centenares de firmas y la elaboración de una extensa documentación con proyectos realizados por la asociación y por los alumnos de los centros de enseñanza próximos, condujeron a que en 1992 el Ayuntamiento aprobara el proyecto de lo que iba a ser el futuro parque.

Las reivindicaciones ciudadanas fueron continuas para que se creara este parque.

Los miembros de la asociación Amigos de los Jardines de la Oliva recogieron más de mil firmas para solicitar la creación del parque, y aun sin empezar las obras solicitaron una subvención para cerrar los terrenos ubicados junto al Instituto  Ramón Carande, calificados en el PGOU como zona verde, con el fin de protegerlos del vertido incontrolado de escombros que se hacía en aquel solar, donde ellos anhelaban se construyera el futuro parque José Celestino Mutis.

En marzo de 1994  elaboran un itinerario botánico  en la barriada para mostrar más de cien especies de árboles a estudiantes y universitarios. Los Amigos de los Jardines han creado un vivero y un laboratorio para experimentar con semillas.

La asociación Amigos de los Jardines de la Oliva inició conversaciones con el catedrático de la Facultad de Biología, Salvador Talavera, para proponerle la firma de un convenio a través del cual los universitarios hicieran prácticas en el laboratorio, en el vivero y en el itinerario botánico elaborado por los vecinos.

El barrio Nuestra Señora de la Oliva, sito en el Distrito Sur, cuenta con uno de los itinerarios botánicos más completos, después del jardín del Alcázar o del parque de María Luisa. Más de tres mil árboles, de ciento cuarenta y seis especies diferentes, configuran cuatro hectáreas de zona verde situadas en el interior de La Oliva. La inquietud ecológica de los oliveños y el afán de convivir con la naturaleza les anima en sus acciones.

Ya el 27 de Octubre de 1994, en el local de la asociación Amigos de los Jardines de la Oliva, se celebró una conferencia bajo el título “Criterios de composición y utilización de especies“, a cargo de Alberto García Camarasa, técnico agrícola en la especialidad de jardinería, que fue director del Programa de Forestación y Jardines de la Expo 92 y diseñador del Parque José Celestino Mutis como técnico de la Empresa Pública del Suelo (EPSA).

Los alumnos del instituto, ilusionados porque al lado de su centro educativo se iba a construir un parque, ya estaban trabajando en el proyecto del parque ideal que se iba a construir, y expresaron sus ideas a través de dibujos: fuentes, monumento al insigne botánico gaditano José Celestino Mutis, paseos, pistas de patinaje, juegos para niños, campos de fútbol, etc.

En el año 1996, poco antes de que se inaugurara el parque, los Amigos de los Jardines detectaron diversos defectos en el equipamiento del parque José Celestino Mutis.  Entre las carencias figuraban diversas anomalías y faltas en el equipamiento de quioscos y fuentes, en los carteles informativos referentes a los horarios del parque, en las pistas de patinaje y en el itinerario botánico, así como la carencia de bancos y luces en los paseos perimetrales.

De entre los usos a los que está destinado el parque cabe resaltar las labores realizadas por la asociación Amigos de los Jardines de la Oliva y los alumnos del I.E.S. Ramón Carande: talleres, excursiones y tareas educativas relacionadas con la concienciación ambiental, destinadas tanto a niños como a adultos.

Desde su inauguración la asociación está pendiente de lo que acontece en el parque, elevando propuestas y denunciando hechos ante el Ayuntamiento para que lo que tanto les costó conseguir no se abandone.

El parque, salvo casos esporádicos de vandalismo, ha sido un ejemplo ciudadano de respeto a las zonas verdes construidas. Sin embargo, no podemos decir lo mismo de su conservación y mantenimiento, que ha pasado de épocas de brillantez a otras, estas las más largas, de abandono. El parque, que el año que viene alcanzará los veinte años de antigüedad, precisa una restauración y puesta a punto que corrija los abandonos sufridos.

La red de riego debe ser revisada o renovada, al parque le falta aquel quiosco bar con servicios de aseos que tanto solicitaron los ciudadanos antes y durante la ejecución del parque, los carteles informativos de las plantas deben ser repuestos y las actividades del barrio en el parque reactivadas, sin olvidar un acondicionamiento de las plantaciones y resiembras necesarias.

El parque es un ente vivo y como tal necesita un continuo mantenimiento para conservar sus funciones principales en beneficio de aquellos ciudadanos que lucharon por su existencia, y nuestro deber es conservarlo para que lo disfruten las nuevas generaciones de los barrios colindantes.

                                                           Sevilla, septiembre de 2016

 

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