Conferencia de Lourdes Páez Morales sobre el pintor Genaro Pérez Villaamil

Lourdes Páez Morales, recibiendo la placa de recuerdo del acto.

Lourdes Páez Morales, recibiendo la placa en recuerdo del acto.

No podía faltar en nuestro programa conmemorativo del XXX Aniversario de la fundación de nuestra asociación una conferencia sobre el arte, y nadie más idóneo que Lourdes Páez Morales, conservadora del Museo de Bellas Artes de Sevilla, para que nos hablara del pintor romántico Genaro Pérez Villaamil. Lourdes nos expuso, con un lenguaje sencillo y preciso, sus profundos conocimientos sobre la vida y obra de este pintor romántico. Comenzó informándonos sobre la biografía de este prolífero artista.  Continuó explicando con detenimiento su estilo paisajístico y la gran influencia que ejerció sobre Genaro el pintor británico David Roberts. Sobre todo, nos deleitó con anécdotas y detalles de las obras que reflejan su estancia en nuestra ciudad. Ha sido un lujo contar con su generosa colaboración en este rincón de Sevilla.

El pintor Genaro Pérez Villaamil.

El pintor Genaro Pérez Villaamil.

El pintor gallego Genaro Pérez Villaamil, además de por su abundante obra artística, destacó por su patriotismo: en 1823 se enroló en el ejército liberal para combatir a las tropas francesas enviadas por el duque de Angulema.

Catedral de Sevilla por el lado de las gradas. Año 1835. obra del Genaro Pérez Villaamil.

Catedral de Sevilla por el lado de las gradas. Año 1835. obra de Genaro Pérez Villaamil.

La obra del pintor Genaro Pérez Villaamil en Sevilla

¿Quién es Genaro Pérez Villaamil?

Genaro Pérez Villaamil es considerado el primer pintor paisajista romántico en España y también el que consigue promover y oficializar el género del Paisaje en nuestro país, ocupando la primera Cátedra de Paisaje que se crea en la Real Academia de San Fernando de Madrid.

Para entender su figura es necesario conocer tres aspectos básicos:

– El devenir del Paisaje como género en el arte occidental en general y en la pintura española en particular.

– El contexto histórico concreto en que surge su figura: la España inmediatamente posterior a la Guerra de la Independencia, en que comienza a formar parte de las rutas de viajeros románticos europeos que buscan las esencias del país por su pintoresquismo y sus raíces islámicas.

– Su vinculación con la ciudad de Sevilla. Porque es precisamente en esta ciudad donde entra en contacto con la figura del paisajista inglés David Roberts, que cambia el rumbo de su pintura y de la pintura sevillana y española.

¿Qué es el “Paisaje”?

La naturaleza existe sin mediación del hombre, no así el paisaje, que es una creación humana. Si atendemos a las definiciones de “Paisaje” contenidas en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, encontramos que Paisaje es:

– Parte de un territorio que puede ser observada desde un determinado lugar.

– Espacio natural admirable por su aspecto artístico.

Una tercera acepción propuesta es la que define el paisaje como género pictórico, pero en las dos anteriores vemos cómo el paisaje no existe sin mediación humana, ya que puede ser observado, o es admirable.

-Es una selección que hace el hombre de una porción de naturaleza. Es su visión individual de la misma.En el caso de los pintores, esa visión es plasmada en sus lienzos.

Si hacemos un pequeño recorrido por la historia del arte occidental, vemos cómo el paisaje es motivo de representación desde época temprana, aunque no de la manera que en oriente, en que el paisaje sin figuras es un género pictórico desde el principio de los tiempos.

En Roma, concretamente en la Casa de Livia, del año 20 a.C., vemos la representación de un jardín con árboles. El pintor ha intentado plasmar con el máximo naturalismo las hojas, los frutos y los pájaros que moran el jardín. Hay que suponer que este naturalismo y minuciosidad obedecen a un trabajo de observación previa de la naturaleza in situ, que luego fue trasladada a las paredes de la villa.

Es una innovación técnica, la acuarela, la que Alberto Durero -considerado el padre de la acuarela moderna- utiliza para plasmar la naturaleza mediante apuntes ya en época renacentista. El secado rápido que permitía la acuarela, le posibilita la toma de apuntes directamente del natural. Durante un viaje que realiza al norte de Italia, hace varias acuarelas donde representa paisajes urbanos como el de la Ciudad de Trento. En esta obra, que Durero concibe como acabada, Durero refleja con veracidad los montes que se van difuminando hacia la lejanía, el caserío, el arbolado y cómo todo ello se refleja en el agua.

En El gran trozo de césped, hace una descripción naturalista de la hierba, posibilitada por la acuarela.

Es precisamente en el Norte de Europa -Durero es alemán- donde surge el paisaje como género pictórico en el arte occidental. Esta será una de las grandes aportaciones de la pintura nórdica. Las diferencias confesionales y políticas hacen que sea en los países del norte, donde surge una burguesía comercial que reclama otros géneros, donde va a surgir el paisaje ya sin tintes religiosos.

Pieter Brueghel el viejo, a finales del siglo XVI es uno de los primeros en hacer protagonista de su obra al paisaje. En Paisaje nevado con trampa para pájaros es precisamente el entorno natural lo que domina la obra. Los personajes que aparecen en ella son una simple excusa para humanizar el paisaje, y monumentalizarlo, como referencia escalar, pero ya el paisaje vive por sí mismo en sus obras.

Ya en el siglo XVII el paisaje nórdico es completamente autónomo, como vemos en la Vista de Delft pintada por Vermeer de Delft, donde los personajes son mera anécdota.

Mientras tanto, en los países del arco mediterráneo, como Italia o España, estos géneros demandados por la nueva clase burguesa de comerciantes, como el bodegón o el paisaje, son solo un vehículo del mensaje religioso.

Francisco Pacheco, en el siglo XVII, habla de la pintura de pays y de la existencia de paisajistas en el norte de Europa en su tratado El arte de la Pintura, pero lo hace con la única intención de recomendar la toma de apuntes del natural para representar con veracidad el paisaje que ha de acompañar a la escena religiosa, que siempre debe ser lo principal. Pocos son los pintores españoles en cuya obra el paisaje cobre una importancia inusitada, eclipsando a la escena. Ignacio de Iriarte o Miguel Luna son excepciones a la regla en el panorama pictórico español.

Sin embargo hay que detenerse en un pintor cordobés, coetáneo de Murillo, Antonio del Castillo, del que se conservan curiosos apuntes a tinta, en papel, de sus salidas a la naturaleza para plasmarla tal y como la veía y luego recrearla con la mayor veracidad en el taller, hecho que resalta de él en su biografía Antonio Palomino.

Una de los más interesantes apuntes es Paisaje con árboles y maleza, conservado en el Museo de Bellas Artes de Córdoba. En él describe la textura del tronco y las hojas de un árbol, empleando una técnica de sombreado rayado muy utilizada en los dibujos del momento.

La falta de tradición paisajística en España provoca que la oficialización del género sea muy tardía, en el período romántico. Y va a deberse a una diatriba entre Federico de Madrazo, pintor dedicado a un género oficial de notable trayectoria como el retrato, y Genaro Pérez Villaamil, dedicado al paisaje, que la reina Isabel II zanja creando la primera Cátedra de Paisaje en España, en 1844, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, que va a ocupar precisamente nuestro pintor.

En la orden de creación se expone la necesidad de instituir esa enseñanza, entre otras cuestiones justificativas -bastante peregrinas- por su utilidad para los viajes científicos y estudios de naturaleza (topografía).

¿Cuál es el contexto histórico de Genaro Pérez Villaamil?

Tras la Guerra de la Independencia, que tiene lugar entre 1808 y 1814, España empieza a atraer enormemente a los viajeros de toda Europa, por su exotismo y por las raíces islámicas que aún conservaba, de las que sus monumentos eran fieles testigos. En esta época es cuando nuestro país va a entrar de pleno en las rutas de viajeros, atrayendo principalmente el interés Andalucía, que a veces es confundida con la totalidad del territorio español.

Los viajeros buscaban la esencia de los lugares, y las costumbres de sus lugareños. Así, llamarán especialmente la atención a los extranjeros, por su pintoresquismo, los bandoleros o las cigarreras, personajes inexistentes en otras latitudes, y que estaban cargados de misterio.

Surgen en este momento los Libros de viajes, que son compendios de imágenes del país, donde se reflejan paisajes y monumentos del lugar en cuestión.

Uno de los primeros dedicados a España es el publicado por el francés Alexandre Laborde, titulado Voyage Pittoresque. Laborde viaja por nuestra tierra entre 1806 y 1812.

Estos libros irán progresivamente poblándose de imágenes y disminuyendo el texto, ya que eran ellas las realmente atractivas para el ávido lector europeo, que busca conocer las bellezas de países lejanos desde el sillón de su casa.

Los libros de viajes más influyentes en los artistas españoles y en su concepción del paisaje van a ser los de los viajeros ingleses: Richard Ford, John Frederick Lewis, y David Roberts. Es a raíz de estos libros publicados en el extranjero, cuando surgen algunas obras de pintores españoles interesados en dar su particular visión del país. Pérez Villaamil, o Parcerisa, publicarán, respectivamente, España Artística y Monumental (1842) y Recuerdos y Bellezas de España (1839) a partir de dibujos de su mano.

La figura de David Roberts

David Roberts es el pintor más influyente en la obra de Pérez Villaamil, del que fue amigo personal, y por ende en la pintura española de paisajes del momento. Viaja por España entre 1832-1833, y transmite a los pintores de nuestro país su concepción romántica del paisaje, un paisaje topográfico, es decir, fácilmente identificable con un lugar concreto, pero pasado por el tamiz del espíritu romántico. Capta personajes populares, edificios en apuntes que luego reelabora incluso varios años más tarde, a su vuelta a Inglaterra, monumentalizando las escalas y utilizando siempre para representar paisajes realmente evocadores los momentos del crepúsculo y el amanecer, por ser estos los que más encanto podían dar a las escenas.

Su influencia es fundamental para el giro del paisaje español hacia su concepción inglesa. Esclarecedora de su influjo es la carta que le escribe a un colega inglés desde Sevilla, en 1833, año clave en que conoce a Villaamil. En ella habla del panorama desolador de la pintura que percibe en Sevilla:

El Sr. Williams, vicecónsul de Gran Bretaña en esta ciudad (Sevilla), me ha presentado a alguno de los pintores sevillanos, quienes desgraciadamente se hallan muy lejos de alcanzar la brillantez de sus paisanos Velázquez o Murillo […]

Sienten gran curiosidad por ver pintar a un inglés […] Me ofrecieron lápices de colores y he pintado tres pequeños cuadros […]

Desconocen las técnicas del difuminado y el barnizado, y en cuanto a los efectos de la perspectiva y las sombras -la verdadera esencia del arte con mayúsculas- siento decirle que, para ellos, es algo que está más allá de lo comprensible. Aunque aún así, muestran deseos de aprender”.

De esta carta desprendemos la suficiencia del inglés, que percibe una escasa calidad en los pintores de la corte de los Montpensier… José y Joaquín Domínguez Bécquer, los Cabral Bejarano, Manuel Barrón, o el propio Genaro Pérez Villaamil. Por otro lado habla de la técnica de los barnices, muy utilizada por él para crear las atmósferas románticas, y que enseñará a Villaamil, que la emplea con profusión a partir de 1833. Esta técnica consiste en crear mayor volumen e interesantes juegos lumínicos mediante veladuras realizadas con barnices coloreados, que nada tienen que ver con la capa de barniz de protección, y que a veces malas limpiezas por desconocimiento de la técnica han arrasado junto con el barniz protector oxidado.

Dos son las obras de David Roberts que más influencia van a causar en los pintores sevillanos y en el gallego Villaamil: La Torre del oro, y El Castillo de Alcalá de Guadaira, ambas de 1833, y ambas en el Museo del Prado. En estos cuadros hace una visión enormemente evocadora de la realidad, transformándola a su antojo para crear sugerentes y atractivas imágenes de nuestra tierra.

El punto de vista desde el que toma la Torre del oro y el Guadalquivir va a repetirlo Genaro Pérez Villaamil posteriormente en su obra Sevilla en tiempos de los moros. En la obra de Roberts se crea una visión estandarizada e icónica que se repetirá en multitud de estampas de los viajeros, y que aún hoy permanece en los libros turísticos.

En El Castillo de Alcalá crea una escena teatral, del paisaje magnificado de Alcalá, con la mole del castillo que se recorta en un cielo crepuscular. Los personajillos que pueblan la escena incrementan la monumentalidad de la misma. Esta obra, basada en apuntes del propio Roberts, va a ser recreada por Villaamil en otra de sus obras, del mismo título que la del británico, que hoy se conserva en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires.

Pequeña reseña biográfica de Genaro Pérez Villaamil

– Nace en El Ferrol (La Coruña) en 1807

– Con solo ocho años ya percibe un sueldo como ayudante de dibujo en el Colegio Militar de Santiago de Compostela.

– Con 16 años se enrola en el ejército liberal y es hecho preso en la campaña de Andalucía. En ese mismo año, 1823, hay noticias de él en Cádiz, donde permanecerá y se creará un nombre como pintor.

– En torno a 1930 es llamado como escenógrafo para el Teatro Tapia de San Juan de Puerto Rico (el país era aún colonia española)

– En 1833 vuelve a España, a Sevilla, donde conoce a David Roberts y cambia el rumbo de su pintura.

– Desde 1834 fija su estancia en Madrid con excepción de los años en que viaja por Europa coincidiendo con la Regencia de Espartero, que depone a María Cristina, de la que el pintor es partidario.

En estos años de viaje por Europa va a crearse una fama que hace que su pintura sea demandada por varias cortes europeas, como la holandesa o la belga, así como de la española, ya que Isabel II, amiga del pintor, va a realizarle varios encargos.

Fueron también clientes suyos el Barón Taylor, que viaja por España aprovechando la coyuntura de laxitud legal en cuanto a la protección del patrimonio español en los años posteriores a la Guerra de la Independencia, para formar la Galería Española del rey francés Luis Felipe; o del Barón Villiers, su principal coleccionista.

– Muere en Madrid en 1854 a los 47 años.

La obra de Villaamil en Sevilla

Aunque su obra es extensa, nos centraremos en las pinturas que Villaamil dedica a la ciudad de Sevilla, clave para entender el cambio de su pintura, que le convierte en el primer pintor romántico de España.

La Fundación Banco de Santander posee dos obras en las que Villaamil pinta a Sevilla. La procesión del Corpus en el interior de la Catedral de Sevilla, y Catedral de Sevilla desde el lado de las gradas. Ambas obras se fechan en 1835, dos años después de conocer a Roberts, y en ellas se deja sentir su influencia notablemente. La primera de ellas está basada en un dibujo del británico, que toma la visión de la imponente nave central de la Catedral sevillana desde el trascoro. Villaamil utiliza como Roberts el formato vertical para monumentalizar el espacio arquitectónico. Los personajes se han hecho en ambas obras, la de Roberts y la de Villaamil, mucho más pequeños para sobredimensionar la escala.

En Catedral de Sevilla desde el lado de las gradas Villaamil realiza una visión, de nuevo vertical, de las portadas de la Catedral. Representa con máxima minuciosidad y detallismo la arquitectura gótica. Sin embargo, esta obra es una de las que han perdido volumen por haber sufrido una limpieza excesiva que ha eliminado las veladuras de barnices coloreados.

Interesantísimo es el Díptico con cuarenta y dos vistas de España adquirido en fechas recientes por el Museo del Prado. Esta obra, realizada como las dos anteriores en 1835, es un encargo del Barón Villiers, a manera de souvenir. De las cuarenta y dos vistas de lo que debía ser una visión tópica de los lugares imprescindibles de nuestro país, significativamente quince están dedicadas a Sevilla y su provincia.

Aparecen representadas las iglesias de Omnium Sanctorum con el mercado tradicional del jueves, San Marcos, o Santa Catalina; varias vistas de la Catedral de Sevilla, como La puerta de Palos, La nave central en día de Corpus, o Las puertas de la Catedral en día de Procesión; o monumentos sevillanos como la desaparecida Puerta del Arenal, el Postigo del aceite, La Torre del oro, La entrada a la Capilla de la Casa de Pilatos, o El Patio de la Casa de Pilatos, o el Alcázar. También están entre estas vistas tres de la localidad de Alcalá, donde el vicecónsul Williams poseía una hacienda, y adonde Villaamil viajó acompañado por David Roberts. Se trata de una vista del interior de un molino subterráneo, la vista del Molino del Algarrobo, y la visión del Castillo de Alcalá.

En todas estas vistas, que no tienen más de 15 cms de alto, Villaamil realiza una visión personal de la Sevilla más típica, de sus monumentos y su gente, y utiliza para ello formatos verticales, que como hemos visto monumentalizan la arquitectura, y esos barnices coloreados que en esta obra afortunadamente no se han perdido, por no haber sido restaurada con anterioridad a su aparición en el mercado londinense. Es interesante el valor documental de algunas de ellas, como la de La Puerta del Arenal, desaparecida en 1868, y que representa Villaamil con gran minuciosidad.

La dosis de libertad del pintor romántico para interpretar la realidad la vemos en la visión del Patio de la Casa de Pilatos, donde se toma la licencia de situar la fuente muy próxima a la galería con el fin compositivo de poder representar juntas la bellísima fuente y también una de las esquinas con la escultura de Palas Atenea.

El carácter escenográfico del paisaje heredado de Roberts lo demuestra en la pequeña encantadora y fantástica vista vertical del Castillo de Alcalá.

Otras dos vistas de la Catedral de Sevilla se conservan en los Museos Romántico y Lázaro Galdiano, de 1838 y 1842-44 respectivamente. En ellas vuelve a percibirse la sinergia de Villaamil y Roberts.

La obra Castillo de Alcalá del Museo de Bellas Artes de Buenos Aires es una obra de 1843. En ella retoma la visión fantástica, de atmósfera de ensueño, que Roberts había realizado del castillo alcalareño.

Pero es quizá la obra Sevilla en tiempos de los moros, encargo de Isabel II en 1848, hoy en el Palacio del Pardo, perteneciente a Patrimonio Nacional, la obra más sugerente del pintor dedicada a Sevilla. En ella toma la visión que Roberts había hecho de la Torre del Oro con el puente de barcas al fondo, como punto de partida para una escenográfica recreación de lo que pudo ser la Sevilla musulmana, con la Torre del Oro sin el remate dieciochesco, y multitud de personajes vestidos a la usanza islámica, todo ello envuelto por una bruma dorada de enorme fantasía y exotismo.

Villaamil a lo largo de su vida sufrió la incomprensión de los pintores dedicados a géneros oficiales como el retratista Federico de Madrazo, que se oponían a la institucionalización del género paisajístico, o, en los últimos años de su vida, el empuje de los realistas, encabezados por Carlos de Haes, que no creían ya en las premisas y fantasía del paisaje romántico. No será hasta principios del siglo XX, cuando Arias Anglés o Méndez Casal lo saquen del olvido, y reivindiquen su figura como uno de los más grandes paisajistas de nuestro país.

Lourdes Páez Morales

“La mitad de la belleza es del paisaje. La otra mitad, del hombre que lo mira”. Lin Yutang

Desde hace 30 años, venimos repartiendo bulbos en esta fecha de nuestro aniversario.

Desde hace 30 años, venimos repartiendo bulbos en esta fecha de nuestro aniversario.

Tras una breve explicación por parte de Jacinto Martínez de las características de los bulbos y la forma correcta de plantación, se repartieron entre los asistentes al acto los bulbos de jacintos, tulipanes, narcisos de manojo, flores de lis, fresias, varitas de San José, gladiolos y rizomas de gloriosas.

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