Concentración en la calle Fernán Caballero

Postal antigua de la casa de Fernán Caballero, donde se ven el magnolio y el limonero tan arbitrariamente talados.

Convocados por Joaquín Egea, presidente de ADEPA, nos reunimos 63 ciudadanos en la calle Fernán Caballero para protestar por el arboricidio cometido en la casa donde vivieron la escritora Fernán Caballero y el pintor José García Ramos.

El acto comenzó con unas palabras de agradecimiento del presidente de la Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía, quien hizo un breve resumen de los personajes que habitaron dicha vivienda y de la arbitrariedad que ha supuesto la poda del magnolio que plantó Cecilia  Böhl de Faber y del limonero del pintor José García Ramos.

Acto seguido, José Antonio Francés González leyó el manifiesto siguiente:

CONTRA LA INDIFERENCIA

Uno de mis alumnos esta mañana me preguntaba, no sin motivos, para qué íbamos a ir al acto de desagravio si ya los árboles están cortados, si ya el mal no tiene remedio y nada de lo que hagamos nos devolverá los árboles que plantaron la escritora Fernán Caballero y el pintor José García Ramos. En efecto, cortar un árbol es como cercenar una vida y tiene todo lo dramático e irremediable de la muerte. Pero, ¿de verdad debemos resignarnos a esta evidencia, sin más?

Parece que, peor que el mal, que a veces no puede evitarse porque forma parte de la tentación humana, es que los buenos, los justos, se queden impasibles ante él. Amigos, si en esta hermosa tarde de abril nos hubiéramos quedado en casa, si hoy no estuviésemos aquí, el mal sería doble porque a la ignorancia de los que han cortado un trozo de nuestra historia habría que unir la indiferencia de los buenos.

Porque… ¿qué sería lo siguiente si nadie clama contra la injusticia? ¿Qué otra parte de nuestra memoria nos arrancarían si nadie pone coto a la brutalidad? Si hoy no protestamos contra lo que ha ocurrido, que es lo que suele pasar con tantas causas justas, les estamos dando una carta blanca a nuestros responsables para que nos gobiernen sin ninguna delicadeza ni dignidad, les estamos permitiendo que nos traten como a mercancía electoral, les estamos abriendo la puerta para que nos dirijan desde la impunidad y la falta de respeto.

Sí, ya sé que hay problemas más acuciantes (el paro juvenil, la pobreza y el hambre, la violencia y el terrorismo yihadista…) y que la vida no se detiene porque alguien autorice desde una oficina gris que corten dos árboles. No, el mundo no se para, es verdad. Pero si damos por buena esa forma de pensar les estamos dando la razón a esos burócratas sin sensibilidad que piensan que las ciudades son solares y cédulas de edificación donde solo echan raíces los impuestos, los formularios y las plusvalías.

Los árboles son una hermosa metáfora de lo que son los pueblos: hombres que echan raíces en una tierra y se funden a un paisaje, a una cultura. Un pueblo es pasado, aquello que podemos recordar, y si nos privamos de nuestra memoria, de nuestro patrimonio, somos como árboles a los que han cortado sus raíces.

Los pueblos sin memoria están abocados a la barbarie, a repetir sus errores, a despreciar todo aquello que les rodea con la soberbia del ignorante.

El grado de civilización de un pueblo se mide por el respeto que tiene a su memoria. Y eso es lo que estamos haciendo aquí, amigos, reunirnos civilizadamente para exigir una disculpa pública, para exigir una rectificación, un gesto de arrepentimiento, para pedir un poco de vergüenza torera. Que alguien, a quien corresponda, asuma la responsabilidad de lo que ha pasado y pida perdón a los ciudadanos, y vuelva a plantar en esta finca un limonero y un magnolio.

Pedimos respeto por nuestra memoria. Respeto por lo que somos. Pedimos que nadie ultraje nuestras raíces como les ha pasado a estos árboles centenarios.

Muchas gracias.

Posteriormente, varios jóvenes recitaron poemas relacionados con los árboles y el beneficio que estos aportan a la naturaleza. Por último, recitamos al unísono el poema “Dice el árbol” de Manuel Benítez Carrasco, y a continuación, Jacinto Martínez, presidente de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva, comunicó que el próximo día 3 de mayo se plantará un magnolio en el colegio Buen Pastor, en desagravio por la tala del magnolio de Fernán Caballero.

Joaquín Egea, informando a los ciudadanos asistentes de los hechos acaecidos.

José Antonio Francés González, leyendo el manifiesto “Contra la indiferencia”.

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Una de las jóvenes asistentes manifestó su indignación a través de la lectura de un poema.

 

 

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