Archive for ‘Árboles de África’

mayo 24, 2014

El baobab

El baobab

El baobab.

Quizás el árbol que mejor ha sabido adaptarse a los cambios climáticos a través de los tiempos sea el baobab. Tanto es así, que en esta etapa evolutiva de su existencia se podría decir que los baobabs se han convertido en esculturas vivientes. El significado de su nombre tiene varias interpretaciones; en la lengua indígena subsahariana quiere decir ‘árbol anciano o milenario’. En Sevilla, en el vivero de nuestra asociación, cuidamos un baobab durante dos años, pero una prolongada helada de enero lo marchitó. Actualmente se desarrollan en él varios ejemplares, y albergamos la esperanza de poderlos plantar en las rotondas o plazas de alguna ciudad de la costa andaluza. El nombre científico del baobab es Adansonia digitata L. y pertenece a la familia de las Bombáceas. Es originario de la zona semiárida del centro de África y suele desarrollarse por todas las sabanas, tanto del hemisferio septentrional como del sur del ecuador.  Este árbol es sumamente respetado por los nativos: en el Senegal es considerado un árbol sagrado. En los primeros años de vida, su crecimiento es lento, y luego se desarrolla rápidamente hasta superar los 15 metros de altura. El baobab es un árbol muy longevo; uno de los ejemplares más antiguos se encuentra en Segole, en la provincia sudafricana de Limpopo, y, aunque no está probado científicamente, se calcula que tiene más de tres milenios de edad. Su copa es redondeada, poco densa, formada por escasas ramas separadas; desde lejos, da la impresión de que le han dado la vuelta al árbol y que las ramas serían las raíces. Su tronco es enorme, puede superar los 10 metros de diámetro, y se suele hinchar de forma irregular; en ocasiones, toma el aspecto de una botella. Su madera, sin cercos anuales, es semejante a una esponja, y es capaz de almacenar 90.000 litros de agua para así poder sobrevivir durante los largos periodos de sequía. A su corteza, que es de color grisáceo, con el paso del tiempo le salen nudos e irregularidades superficiales; contiene una fibra muy resistente que la protege de los incendios.

Las hojas del baobab, caducas, miden unos 12 cm de ancho, y suelen brotar en los extremos de las ramas en la época de lluvias, en disposición alterna. Cuando el árbol es joven, las hojas son simples, pero a medida que va madurando sus hojas se transforman en compuestas y llegan a estar formadas por entre 5 y 7 folíolos con los bordes enteros, que emergen del mismo pecíolo en círculo.

Sus flores son hermafroditas y miden unos 10 cm; la floración tiene lugar en la estación del verano y brotan solitarias y colgantes de las ramas, solamente sujetas por largos pedúnculos; al cabo de poco tiempo, los pétalos se doblan hacia fuera, cerrándose sobre sí mismos y dejando ver las anteras purpúreas de los numerosos estambres. El hecho de que las flores sean de color blanquecino, desprendan un olor a levadura y abran sus pétalos al anochecer, es una estrategia del baobab para ser fácilmente visible en la oscuridad por los pequeños murciélagos que realizarán el trabajo de polinizar sus flores.

Sus frutos, de forma ovalada, son parecidos a melones de piel leñosa; pueden medir hasta 30 cm y pesan varios kilos. Su pulpa es de consistencia variable, como carnosa, de sabor ácido, y los nativos la suelen tostar o moler para elaborar una bebida refrescante semejante a la limonada. El baobab fructifica en la época de sequía. El interior del fruto contiene numerosas  semillas de color marrón oscuro de un centímetro de longitud y de forma arriñonada.

la flor del baobab

La flor del baobab.

Detalle de la corteza del baobab

Detalle de la corteza del baobab.

Así germinan las semillas del baobab

Así germinan las semillas del baobab.

El gigantesco baobab de Segole (Sudáfrica)

El gigantesco baobab de Segole (Sudáfrica).

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diciembre 2, 2013

El drago de Canarias

El drago de la Plaza de Cuba de Sevilla

Los dragos de la Plaza de Cuba de Sevilla.

El drago de Canarias está bien representado en Sevilla: los ejemplares de mayor porte se encuentran en la Plaza de Cuba, pero si cruzamos el puente y nos acercamos al Muelle de la Sal podremos contemplar un dragonal o bosquecillo urbano formado por una veintena de dragos. También hay un ejemplar con tronco salomónico en la glorieta circular que remata el Paseo de Catalina de Ribera y que desemboca en la calle San Fernando y, por último, en el Parque Amate hay varios ejemplares de mediano tamaño. El nombre científico del drago de Canarias es Dracaena draco (L.) L. y pertenece a la familia de las Agaváceas (antiguamente estaba clasificado en las Liliáceas). El drago, que se puede considerar como una reliquia de la era terciara, es una especie endémica y emblemática de las Islas Canarias, especialmente de la isla de Tenerife, donde según la Ley del gobierno autonómico es el símbolo natural de esta isla, en la cual los ejemplares silvestres crecen en los barrancos de las estribaciones del monte Teide. Esta especie arborescente, perteneciente al grupo de las monocotiledóneas, tiene un desarrollo extremadamente lento: requiere casi diez años para alcanzar la altura de un metro, y con el paso de los años hay ejemplares que superan la cota de 12 metros. Su copa presenta una extraña y peculiar redondez, densa y oscura, y normalmente comienza a ramificar sobre los 15 años de edad. Su tallo o tronco es en principio columnar, grueso y simple, que ramifica en altura y presenta penachos de hojas en los extremos de las ramas. Su corteza, bastante lisa y de color grisáceo, conserva las marcas de las hojas caídas, pero con la edad su superficie se resquebraja; cuando se hiere la corteza, segrega una savia que en principio es casi incolora, pero que al contacto con la luz y el aire se oxida y se torna oscura y rojiza, parecida a la sangre. Soporta bien las sequías y los fríos, pero no las heladas prolongadas. Además es una especie muy longeva: en la isla de Tenerife hay dragos con centenares de años, como el famoso y espectacular ejemplar que hay en el pueblo de Icod de los Vinos.

Sus hojas son perennes y están agrupadas en espesos penachos en los extremos de las ramas; además, son enteras, sésiles, de forma lanceolada, de nervios paralelos y muy acuminadas; aunque flexibles, su textura es coriácea y carnosa; son de color verde azulado y miden algo más de medio metro de longitud y tienen unos 5 cm de ancho.

Sus flores aparecen en panículas terminales de unos 50 cm de longitud; son acampanadas y de color blanquecino amarillento, miden unos 2 cm de diámetro, poseen algo de fragancia, disponen de 6 sépalos y de 6 estambres. El drago no florece hasta que ha cumplido al menos una década de vida. En Sevilla, su floración tiene lugar en el mes de mayo.

Sus frutos son bayas esféricas que están dispuestas en racimos, y que al madurar toman el color anaranjado; miden alrededor de 1,5 cm de diámetro y permanecen en en la copa hasta el año siguiente. Su pulpa agridulce es de consistencia carnosa, y en su interior cada fruto contiene una semilla redonda y lisa.

Bosquecito de dragos a la orilla del Guadalquivir

Bosquecito de dragos a la orilla del Guadalquivir.

Detalles del tronco

Detalle del tronco y de las ramas del drago.

flor del drago

Las flores del drago.

Frutos del Drago

Los frutos del drago.

abril 9, 2013

El pino canario

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Pino canario situado junto al Pabellón de Guatemala de la Exposición Iberoamericana de 1929.

El pino canario es una conífera de porte ornamental con escasa presencia en la ciudad de Sevilla. El ejemplar más antiguo de pino canario (que, por cierto, presenta un aspecto fantasmagórico) está situado en el paseo de La Palmera, exactamente junto al Pabellón de Guatemala de la Exposición Iberoamericana de 1929. También en la calle Victoria Domínguez Cerrato se pueden contemplar una docena de ejemplares que fueron plantados allá por los años setenta, cuando se construyó la barriada de Murillo (en el Polígono Sur), y el más reciente está ubicado en el parque José Celestino Mutis. El nombre científico del pino canario es Pinus canariensis Sweet. ex Spreng y pertenece a la familia de las Pináceas. Es originario de las Islas Canarias, donde forma grandes masas boscosas en las laderas montañosas de las islas occidentales del archipiélago. En sus primeros años, el pino canario tiene un crecimiento rápido que luego es más pausado cuando alcanza los 20 m de altura; sin embargo, en la corona forestal de la isla de Tenerife hay ejemplares que se elevan a más de 45 m. del suelo. Cuando son jóvenes, sus copas son piramidales, pero con el paso del tiempo las ramas adquieren formas caprichosas e irregulares y, a veces, su silueta se torna aparasolada. Su tronco es bastante recto, muy robusto y cilíndrico; su corteza es de color pardo claro y algo áspera, y al ir envejeciendo, su ritidoma (parte externa de la corteza) se cuartea y engruesa, propiedad que lo hace resistente al fuego. Así, el pino canario tiene la capacidad de rebrotar después de un incendio forestal; también aguanta muy bien la sequía y puede superar los 500 años de vida.

Sus hojas, de color verde oscuro, son perennes y aciculares, miden de 20 a 30 cm de longitud y tienen 1 mm de espesor, y aparecen agrupadas por la base en grupos de tres acículas, dato que facilita su identificación. En los extremos de las ramas más jóvenes se forman grandes manojos de hojas flexibles y ligeramente inclinadas hacia abajo.

Sus flores son poco vistosas y, como se tratar de una especie monoica, las flores masculinas y las femeninas están separadas pero en el mismo árbol. Las inflorescencias masculinas están agrupadas en espigas terminales en los extremos de las ramas jóvenes, miden de 5 a 10 cm de largo y son de color amarillo verdoso, pero al madurar se vuelven rojizas. Las flores femeninas, en cambio, son conos solitarios (aunque a veces aparecen en parejas) de color verde rojizo que al madurar se tornan más pardos, y suelen brotar en los extremos de las ramitas, por lo general en la parte superior de la copa. La floración en Sevilla tiene lugar a principios del mes de abril.

Sus frutos son conos o piñas que están subsentadas sobre la rama (es decir, que prácticamente están pegadas a la rama), suelen medir entre 10 y 18 cm de longitud y tienen unos 5 cm de diámetro. De color pardo cobrizo, estas piñas tardan unos dos años en madurar. Sus escamas presentan en el extremo saliente una protuberancia prominente o apófisis, y cada escama alberga en su interior dos semillas o piñones de unos 12 cm de largo. Cada piñón tiene una cara más oscura que la otra y dispone de un apéndice alar.

Flores masculinas

Flores masculinas del pino canario.

Piñas en el árbol

Piñas en la parte superior de la copa del pino canario.

Fruto del pino canario

Fruto del pino canario.

Tronco del pino piñonero

Tronco del pino canario.

acículas del pino canario

Acículas del pino canario.

septiembre 3, 2012

El flamboyán

El flamboyán de Torre del Mar (Costa del Sol malagueña).

Este precioso árbol lo hemos descrito a petición de nuestro amigo Pedro Nicolásque trabaja y reside en la localidad malagueña de Torre del Mar y que, como gran erudito y amante de los árboles ornamentales, tuvo la amabilidad de acompañarnos para que viésemos los magníficos ejemplares de flamboyanes que hay en la Costa del Sol. Este árbol tropical aún no forma parte del paisaje de Sevilla; en varias ocasiones lo hemos intentado aclimatar, pero el flamboyán no aguanta las noches heladas de enero y hasta ahora se nos ha marchitado.

Comenzaremos por decir que al flamboyán le llaman malinche en Centroamérica y también que Puerto Rico ha adoptado su flor como la flor nacional. Su nombre científico es Delonix regia (Bojer. ex Hook.) Raf. y pertenece a la familia de las Fabáceas (cesalpináceas-leguminosas). Este ornamental árbol es originario de la gran isla africana de Madagascar, concretamente de la provincia de Antsiranana y de la zona costera de la provincia de Mahajanga, siempre por encima de la latitud 15º S de la zona septentrional de la gran isla Malgache. Este árbol es más bien de crecimiento rápido, aunque en rarísimas ocasiones suele superar los 14 m de altura. Su copa es, a medida que pasan los años, notablemente aparasolada, de follaje denso, con ramas extendidas que en la parte superior forman ángulos de casi 90 grados. Su tronco es más bien de forma irregular y algo retorcido, casi nunca cilíndrico, y por lo general ramifica a poca distancia del suelo; su corteza es de color grisáceo y algo rasposa, y si se corta o hiere con un objeto punzante, de ella brota lentamente una abundante savia espesa de color rojizo que se endurece con el contacto del aire; es la forma que tiene de defenderse de los insectos.

Sus hojas tienen un aspecto plumoso y miden unos 30 cm de largo; se podría decir que son semicaducas, pues se suelen desprender poco antes de la floración si el período de sequía ha sido prolongado; además son alternas, compuestas y bipinnadas, formadas por de 10 a 14 pares de pinnas, cada una de las cuales dispone de unos 15 pares de folíolos opuestos, oblongos, sésiles y con algo menos de 1 cm de longitud; las hojas tienen la particularidad de que se cierran al llegar el atardecer. En la unión de la base de cada hoja con el tallo se encuentra una peculiar estípula (hojita diminuta) parecida a una paleta o a una pequeña hoja pinnada.

Sus llamativas y espectaculares flores son la principal característica que ha hecho tan famoso a este árbol de belleza tan singular. Sus abundantes flores son individuales y miden unos 10 cm de diámetro; la corola tiene 5 pétalos desiguales con forma de raqueta y con los bordes algo ondulados, de colores que oscilan desde el rojo intenso hasta el anaranjado; el pétalo superior, llamado estandarte, es más largo y suele estar salpicado de motas amarillas; el cáliz lo forman 5 sépalos de color rojo en su cara interna y de color amarillento por el exterior; el androceo está formado por 10 estambres delgados y largos de color rojo con las anteras amarillas. Podemos disfrutar de estas flores (que son polinizadas tanto por los pájaros como por las abejas) desde el mes de mayo hasta principios de agosto.

Los frutos son unas legumbres o vainas grandes y aplanadas, de unos 40 cm o más de longitud por 5 cm de ancho y de estructura leñosa, que toman el color castaño cuando maduran y que perduran en el árbol durante todo el año. Cada fruto contiene en su interior unas 30 semillas duras, cilíndricas y levemente aplanadas, que miden 1,5 cm de longitud y son de color amarillento.

El flamboyán en la isla de Puerto Rico.

El flamboyán en flor.

La flor del flamboyán.

El fruto del flamboyán.

julio 10, 2012

El tulipero de Gabón

Flores y hojas del tulipero de Gabón.

Es una pena que por las esporádicas heladas invernales de Sevilla no podamos disfrutar de la espectacular floración del tulipero de Gabón. El destino quiso que visitáramos Torre del Mar (Málaga) y camino de la estación de autobuses tuviéramos la suerte de poderlo contemplar en plena floración. Quedamos tan prendados de su belleza que, después de fotografiarlo, nos pusimos a describirlo para descubrir y compartir sus secretos. El nombre científico del tulipero de Gabón es Sphatodea campanula Beauv., y pertenece a la familia de las Bignoniáceas. Es originario de la zona tropical de África occidental que baña el golfo de Guinea. De crecimiento rápido, en condiciones óptimas de riego, humedad y luz solar puede superar los 20 m de altura. Su copa es redondeada pero sin demasiada anchura; su tronco es recto y alto y con los años desarrolla contrafuertes en su base; a su corteza, que es de color gris oscuro, al envejecer se le forman escamas y pequeñas fisuras normalmente longitudinales. Como dato histórico diremos que este árbol fue descrito por primera vez en el año 1787, y sobre sus características sabemos que resiste la sequía, que es amigo del sol y que no aguanta las temperatura inferiores a 7º C.

Sus hojas normalmente son perennes, pero en algunas ocasiones se desprenden por causas climáticas; miden casi 50 cm de longitud, pero hay que tener en cuenta que sus pecíolos tienen una longitud de entre 15 y 20 cm de largo; además, estas hojas suelen agruparse al final de las ramas y son alternas y compuestas imparipinnadas, con de 6 a 8 pares de folíolos de unos 10 cm de longitud, con los márgenes algo dentados y de color verde oscuro; el folíolo terminal suele ser de mayor tamaño que los restantes.

Sus flores, que se apiñan en racimos terminales, son muy vistosas y nos recuerdan a los tulipanes: de forma acampanada, miden unos 8 cm de diámetro; los pétalos son de color escarlata, con los bordes festoneados y ribetes amarillentos que les dan una pátina anaranjada; el cáliz es espatáceo, de unos 5 cm de largo, y se estrecha en una punta delgada que se abre lateralmente hacia fuera para liberar la corola. Los estambres son cuatro, con las tecas divergentes, y el estilo, de unos 6 cm de longitud, tiene el estigma bilobado.

Sus frutos son unas cápsulas alargadas que miden unos 20 cm de longitud por unos 4 cm de ancho;  ya sea por motivo de la latitud o por el fotoperíodo, lo cierto es que en la Costa del Sol es raro que lleguen a formarse los frutos. Cuando maduran toman el color pardo y son ligeramente leñosos, erectos y dehiscentes en dos valvas para dejar salir a numerosas semillas elípticas de color blanquecino, con alas membranosas y transparentes que les permiten ser transportadas por el viento.

Detalle de las flores del tulipero de Gabón.

El tronco del tulipero de Gabón.

abril 22, 2011

La acocantera o ciruelo de Kafir

30-01-11 Con motivo del Día de la Paz, plantamos con los profesores y alumnos del colegio Cristóbal Colón un ejemplar de acocantera en la zona ajardinada de la parroquia San Juan de Ávila.

Este exótico arbolito o arbusto está muy poco representado en los parques de Sevilla. Había un viejo ejemplar en el Parque de María Luisa, en la Glorieta dedicada a Luis Montoto, que lamentablemente se marchitó el verano pasado, y existe otro que aún vive y que está situado al fondo de la Glorieta de Doña Sol. Procedentes de nuestro vivero, hemos plantado hasta la fecha dos ejemplares de esta especie: uno en el Club de Campo de Sevilla y otro en la zona ajardinada de la Parroquia de San Juan de Ávila, del barrio del Tiro de Línea.

El nombre científico de la acocantera o ciruelo de Kafir es Acokanthera oblongifolia (Hochst.) Codd, y pertenece a la familia de las Apocináceas. Es originaria del sur de África, concretamente de la zona que abarca desde la región meridional de Mozambique hasta Sudáfrica. Su crecimiento es lento y algunos ejemplares, en condiciones óptimas, llegan a superar los 5 metros de altura. Su copa por lo general es redonda pero muy densa, y está conformada por ramas bastante angulosas; su tronco suele ser corto y robusto y normalmente crece derecho; su corteza, de color grisáceo oscuro, presenta grietas irregulares. Suele soportar tanto las heladas y los vientos salobres como los periodos cortos de sequía.

Sus hojas son perennes, opuestas, simples y de forma lanceolada o bien elíptica; pueden medir hasta 12 cm de longitud, y en ocasiones se curvan; sus márgenes son lisos y su textura es coriácea pero con nerviaciones poco marcadas; su color es un verde intenso y lustroso, aunque por el envés siempre es más claro. Estas hojas, cuando son jóvenes, presentan una bonita coloración cobriza.

Sus flores están dispuestas en inflorescencias cimosas, formando unos ramilletes bellísimos, y emiten un perfume sensual parecido al de los jazmines. Estas flores son sésiles y tienen cinco pétalos de color blanco con leves tonalidades rosáceas; el cáliz es diminuto, los estambres están insertos cerca del ápice del tubo de la corola y el estilo es filiforme, de aproximadamente 1,5 cm de largo. Su primera floración tiene lugar a partir de los tres años, y en Sevilla florece desde mediados del mes de abril hasta el día de San Isidro.

Los frutos de la acocantera son tóxicos y consisten en unas bayas ovales de unos 3 cm de longitud parecidas a las ciruelas, que al madurar toman un color  púrpura negruzco. En su interior suelen contener de 1 a 2 semillas anchamente elípticas, de 1,5 cm de largo.

  
04-10-09 Plantación de una acocantera en el Club de Campo de Sevilla
Bellísima inflorescencia de la acocantera.
Este ejemplar está en plena floración y está situado en la Glorieta de Doña Sol del Parque de María Luisa.
Esta acocantera, situada en la Glorieta de Luis Montoto del Parque de María Luisa, se secó el verano pasado. Realizaremos las gestiones oportunas para plantar otra en ese mismo lugar.
noviembre 13, 2009

El ceibo africano

Su nombre científico es Erythrina caffra Thunb. y pertenece a la familia de las Leguminosas. Es un árbol originario de la región de los cafres, en Sudáfrica, muy respetado por la cultura zulú. Su crecimiento lo podemos considerar rápido y puede alcanzar hasta los 18 metros de altura. Su copa es extendida y está formada por ramificaciones abiertas que brotan desde la base del tronco recto. La corteza, de color grisáceo, presenta grietas superficiales con fondo amarillento, y suele estar salpicada de espinas de color negruzco que llegan a medir un centímetro.

Sus hojas son caducas, alternas y compuestas trifoliadas; el folíolo romboidal mide unos 10 centímetros de largo y los folíolos laterales son de menor tamaño; los tres folíolos tienen el margen liso y son de color verde brillante por el haz y de un verde algo más pálido por el envés. El pecíolo mide unos 15 centímetros de longitud y suele disponer de dos pequeñas espinas en forma de gancho.

Sus flores están reunidas en espigas verticiladas que brotan antes que las hojas sobre pedúnculos axilares erectos. Son de forma tubular, de color anaranjado, y a los pocos días de haber brotado cambian al color escarlata. Los pétalos, más largos que anchos, están soldados al estandarte, que se abre un poco para dejar ver los estambres.

Sus frutos son unas legumbres cilíndricas y leñosas que suelen medir unos 6 centímetros de longitud, algo estranguladas entre semilla y semilla; éstas son de forma ovoidal y de color rojizo. Esta especie se reproduce bien por semillas o bien por esquejes leñosos.

El ceibo africano es escaso en los jardines de Sevilla, pero existen once ejemplares de gran porte en el parque José Celestino Mutis de la barriada Ntra. Sra. de la Oliva. Además, el 23 de septiembre de 2007, día de la Naturaleza, plantamos un ejemplar en el parque del Alamillo, en la zona reservada para el proyecto Jardín del Mundo, donde todos los continentes están representados por varias especies de árboles.

Flor del ceibo africano.